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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Carta a la ministra Ribera

Estimada señora Ribera: Le dirijo estas líneas ante las preocupaciones que han ocupado estos días la agenda política y social en esta región y en esta ciudad, concernientes al departamento ministerial que dirige desde el pasado 6 de junio. El presidente Pedro Sánchez le ha encargado a usted llevar la cartera más revolucionaria. La transición ecológica que da nombre a su ministerio tiene como objetivo transformar la política energética de este país prácticamente de manera súbita, sin dilación como decía por escrito hace unos días, portando la bandera verde al frente de unas tropas bien cubiertas por un poderoso lobby, que quiere rentabilizar sus inversiones a cambio de destruir lo que ha venido aportando riqueza y estabilidad laboral en territorios como Asturias.
En esta región llevamos más de treinta años de descarbonización. Desde hace más de tres décadas venimos escuchando que el carbón no tiene futuro y en todo ese tiempo se ha ido aniquilando la actividad sin llegar a labrar un nuevo sostén que diera relevo a la minería, ahora en estado residual. Lo que resta tiene fecha de caducidad, que puede ser más o menos prolongada dependiendo de la voluntad gubernamental, pero la reconversión en su integridad ha sido un fracaso, tuvo un coste elevadísimo y todo el dinero empleado no ha logrado generar alternativas al monocultivo que era tan necesario apuntillar.
Ahora, señora Ribera, plantea usted extender esa descarbonización a las centrales térmicas a cambio de un modelo de producción energética más limpia y beneficiosa para la salud humana y del planeta. Quiere una batalla rápida, corta en el tiempo, que lleve al cierre de todas esas instalaciones en apenas doce años, ofreciendo la misma receta para un recambio que no tiene nada que ver con el de la minería. La transición ecológica que usted defiende pone en peligro a toda la industria asturiana. No es una cuestión baladí. En Gijón, los grupos de generación eléctrica de Aboño forman parte fundamental de una cadena que alimenta la economía local y de la región. Sin ese eslabón, por muchos molinillos y placas solares que nos coloquen a cambio, estaríamos abocados a la desertización. Una buena parte de El Musel tendríamos que destinarla a plantar lechugas y otra, la de la ampliación, podría convertirse definitivamente en un solárium. Es decir, el devenir para el superpuerto sería aterrador.
Dice usted que la descarbonización es un proceso irreversible y que hay que afrontar una transición justa con los trabajadores y los territorios. Estoy de acuerdo con ello, pero de justicia es que no se lleve a cabo de la noche a la mañana, como parece pretender, sin que antes tengamos realmente la seguridad de que la industria que nos queda no corra riesgo alguno, sea competitiva, genere mucho empleo y estemos todos muy contentos por las oportunidades que abre la nueva vida en verde. Bastante hemos tenido ya con la experiencia de las cuencas.
Y otra inquietud que también es de su competencia. Estos días habrá visto las imágenes de las inundaciones sufridas en esta ciudad y de la playa de San Lorenzo como una taza de café con leche. Las cosas de esta playa, como las del carbón, las puede conocer de primera mano por boca del bueno de Hugo Alfonso Morán, su flamante secretario de Estado, pero hay dos cuestiones que le atañen en el debate suscitado en Gijón tras los efectos del diluvio.
La primera, la necesidad de que saque del letargo a la Confederación Hidrográfica del Cantábrico para que limpie los cauces de los ríos desde el curso alto con el fin de evitar arrastres de lodos, troncos y todo tipo de maleza hasta las desembocaduras, como suele ocurrir en esta ciudad y en otros puntos del litoral asturiano.
Y la segunda, que ya es más que un clamor. Agilice el arranque de la depuradora del Este, ponga en marcha cuanto antes los sistemas de pretratamiento y resuelva su legalización en favor del interés general. Al Ayuntamiento le corresponde solucionar el desaguisado de la red de saneamiento y del pozo de tormentas. De usted depende evitar que los detritus de la mitad de la población sean vertidos directamente al mar, como no ocurre ya en ninguna otra ciudad de España. Tenga por seguro que los gijoneses le agradecerán su atención. Salud y bienestar.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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