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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Verano de industria y campo

Después de saltar las brasas pidiendo salud y fortuna y de quemar todo lo quemable para alejar de nosotros a los malos espíritus en el fuego purificador entramos oficialmente en el ajetreo del verano. En el aspecto político promete ser calenturiento a todos los niveles de gobierno y en todos los partidos. Tiempo habrá para ir comentándolo conforme vayan evolucionando los acontecimientos. En el lúdico, viene un periodo cargado de entretenimientos, con sus errores y aciertos en cuanto a la concentración de actividades, conciertos y demás festejos. Veremos como llegamos a agosto tras un mes de julio con una programación agotadora, pero lo cierto es que Gijón se transforma de la mano de San Juan para convertirse en una ciudad desnuda. Desde hoy hasta bien pasado el estío, la villa muestra toda su belleza, la misma que ocultamos el resto del año para guarecerla de la lluvia y el frío, entregándose durante estos meses a quienes tenemos la suerte de habitar en ella y a los que deciden con acierto venir para su contemplación y disfrute.
La ciudad tiene grandes atractivos para los visitantes, no hace falta enumerarlos todos, pero hay dos riquezas olvidadas por quienes se encargan de ofrecer el catálogo de opciones para conocer mejor lo que somos y de donde venimos, además de las fiestas, el paseo por Cimavilla, la visita al pasado romano, las terrazas, la calle Corrida, el puerto deportivo, las letronas, la feria o la playa. Gijón también es industria y campo, dos patrimonios que nos engrandecen y que, sin embargo, los alejamos, quizás por nuestras propias contradicciones y complejos, del conjunto de virtudes que podemos mostrar como parte de una identidad.
Hasta hace un mes se celebró en el Museo ICO, en Madrid, una magnífica exposición de la Fundación EdP sobre la obra de Joaquín Vaquero Palacios en las centrales eléctricas de HC, entre ellas la térmica de Aboño. ‘La belleza de lo descomunal’ se titulaba la muestra, porque descomunal efectivamente fue el resultado de las intervenciones artísticas de Vaquero Palacios en las plantas de Hidrocantábrico, convertidas en catedrales de la energía. El pasado lunes, la fachada de la central gijonesa era incluida en el registro del Docomomo, donde figuran las obras arquitectónicas más relevantes del siglo XX. Arte en una instalación a la que le restan pocos años de vida si se llevan adelante los desafortunados planes para la descarbonización. El grupo de Aboño merecería estar incluido en una ruta industrial, de la misma manera que un castillete de La Camocha rehabilitado, el puerto, el astillero, la cementera o la panorámica desde Monteana sobre los hornos altos. Hasta se podría habilitar un lugar, como los hay para otras cosas, que diera a conocer la evolución de la industrialización de Gijón, que es también la de Asturias, con una recreación a pequeña escala de todo lo que tenemos en colaboración con las empresas. Un sitio donde enseñemos con orgullo la historia, el presente y el futuro de la siderurgia, del naval o de la energía.
Y después están las parroquias. Gijón goza del entorno rural más bello del norte de España. Recorrer los caminos desde Serín hasta Valdornón disfrutando del paisaje natural que nos ofrece la privilegiada mancha verde que abraza la ciudad por el sur es un auténtico placer. Subir al Picu’l Sol y contemplar el extenso valle hasta el mar o hacerlo desde el Monte Deva para luego descender por Cabueñes y adentrarse en la ciudad jardín como llamó Ramón Alvargonzález a Somió supone una satisfacción para los sentidos. De la misma forma que esos momentos de relax bajo los robles de las carbayeras de Granda o del Tragamón, la visita al llagar o una tarde de merendero. Sumergirse en el Gijón rural es una experiencia que pocos destinos del tamaño de esta localidad pueden ofertar. Campo e industria forman parte de nuestra singularidad. Tendríamos que fomentarlo con más pasión.

Postdata: El próximo miércoles se celebra el primer Pleno estival con asuntos trascendentales para el devenir del municipio. El plan urbanístico, tras cuatro años de tramitación, afronta el último paso antes de someterse a la reválida definitiva de la CUOTA. El plan de vías, por su parte, necesita el beneplácito plenario para hacer valer el acuerdo con el Gobierno. Sería importante que ambos proyectos recibieran la complicidad unánime de los grupos políticos dado su interés general para toda la ciudad.


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