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Ángel M. González

Viento de Nordeste

A propósito de la náutica

Gijón es una ventana al mar. La ciudad entera confluye en el litoral y desde ella nos asomamos, cual magnífico balcón, para disfrutar de la belleza del Cantábrico, de la misma manera que lo hacen quienes arriban al puerto buscando abrigo o descanso entre los gijoneses. Esta semana, lo naval tuvo un hueco especial en la agenda local. El buque ‘Galicia’ zarpó ayer después de tres días de agradable estancia en la villa con los alumnos de la Escuela Militar, rendición de honores a la bandera en sus 175 años de historia y pasarela abierta al público para mostrar la labor de la Armada a la ciudadanía. Actos como estos tenían que ser más comunes. Es una forma de reforzar la vinculación de Gijón con la actividad marítima a través del conocimiento y la cercanía de las fuerzas navales. Mas aún cuando, desde un punto de vista crítico, nuestro enclave ha ido perdiendo peso en la estructura de la Armada conforme fueron transcurriendo los años para dejarla en una presencia casi testimonial de efectivos en la Comandancia.
Esa circunstancia, no obstante, no solo se produce en el aspecto militar. También se ha ido notando en la actividad náutica más relacionada con el turismo y el deporte. El muelle local necesita un revulsivo para recuperar tránsito y amarres más allá de la bandera azul de los mares limpios de Europa y de los nuevos contenidos que se van apoderando de las dársenas. Hace unos días, Flor Guardado, la directora del Puerto Deportivo de Gijón, en una entrevista publicada por este periódico, señalaba algunos factores que impedían el crecimiento del sector. Entre ellos, mencionaba la falta de tradición de la vela ligera, la carencia de un relevo generacional en la propiedad de las embarcaciones y la competencia desleal que ejercen los puertos dependientes del Principado, con unas tarifas mucho más baratas que las que se ofrecen aquí. En resumen, hace falta un mayor esfuerzo de promoción de la actividad náutica por parte de las administraciones públicas para fomentar su práctica, de la misma manera que se ha hecho con el esquí, decía la señora Guardado.
No le falta razón tratando de repartir responsabilidades, porque lo cierto es que el puerto deportivo ha perdido impulso en la última década con la mitad de ocupación que aquellos mejores años, previos al inicio del declive, cuando los pantalanes estaban bastante más repletos y en Gijón era lugar de anclaje de regatas. Ahora se celebra alguna de vez en cuando, pero nada que ver con las cinco o seis pruebas que por fechas estivales llegamos a disfrutar antaño, por ejemplo.
Hay que reconocer, de todas formas, los esfuerzos que se realizan desde la sociedad concesionaria para que los espacios del Muelle tengan algún componente de seducción. Los paseos en motos acuáticas o en bicicletas, las actividades de buceo, el paddle surf o los tours en embarcaciones por la costa no dejan de ser complementos atractivos para el ocio en las aguas locales, pero tampoco se trata de convertir el puerto en un parque temático. En definitiva hace falta incrementar el movimiento de barcos, deportivos o de recreo, que es para lo que se crearon en su momento estas instalaciones como recurso para atraer visitantes y generar riqueza.
Resulta envidiable que otras localidades de la fachada atlántica, en Francia o en el sur de Inglaterra, sin tener más tradición marítima que nosotros, dispongan de unos puertos recreativos llenos de acontecimientos, con un sector empresarialmente dinámico.
En Gijón estamos a tiempo de corregir esta situación con una mayor colaboración público-privada para promocionar en todos los mercados posibles lo bueno que aquí tenemos y un empuje definitivo de las instituciones a la actividad náutica. La mar no está ahí solo para contemplarla. Hay que aprovechar más las oportunidades que ofrece y también aprender de lo que a través de ella nos llega.


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