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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Las primarias socialistas

Los socialistas gijoneses han levantado el telón del espectáculo preelectoral con el proceso para elegir a la persona que aspirará a recuperar el bastón municipal. Las primarias del PSOE prometen ser muy entretenidas por el número de candidatos que se presentan, la riña que se aventura, el ambiente prebélico y las disensiones. Por el contrario, sería muy aburrido que no concurrieran todos esos ingredientes, como puede ocurrir en otras formaciones políticas que convocan procedimientos similares simplemente para legitimar bajo el sacramento democrático la designación del previamente coronado.
El PSOE, además, requiere una proclamación sonora para emprender la carrera electoral. En ese sentido, qué mejor que unas primarias como las que afrontan los militantes gijoneses para intentar rearmarse a partir de un aspirante aún pendiente de descubrir. Precisamente, uno de los objetivos del proceso en el que están envueltos es ir fabricando ese nuevo líder, o lideresa, capaz de atraer el voto que antaño llegó a sumar el partido para obtener la mayoría en la corporación municipal y volver a llevar las riendas de esta ciudad. Ese es el mayor reto que ahora tienen los socialistas a tenor de quienes han presentado sus credenciales para encabezar la lista de la agrupación centenaria. Acertar o no con las personas condiciona la relevancia que finalmente tenga la formación, en tanto que la historia, por sí sola, ha dejado de ser garantía suficiente de fortaleza.
Los tres candidatos en contienda tienen padrinos y perfiles distintos. José Ramón Tuero se presenta como el aspirante sin etiquetas de un partido que mamó desde chaval, que le llevó a la alcaldía de un pequeño pueblo leonés y al que sigue representando institucionalmente desde hace dos décadas. En esta batalla Tuero es el huérfano de padre y madre de un PSOE plagado de familias, algunas numerosas, que mantienen una tensa relación. Constantino Vaquero representa la sorpresa, no exenta de trayectoria, que empezó comulgando con la mayoría recientemente dominante y que da un paso adelante para atraer al contestatario en la idea de que así favorece la unidad. Ana González es la oficialista y, por lo tanto, sale con ventaja en la carrera. La exconsejera, exconcejala y exjefa de gabinete de Bibiana Aido llega colmada por el aparato, recibida incluso con alborozo, pero absolutamente cuestionada por los críticos, entre otras razones por su falta de vinculación con la ciudad. Ni nació, ni pació ni reside en ella, dicen sus detractores, que es el peor señalamiento que se le puede hacer a alguien que aspira a recuperar el proyecto del socialismo gijonés.
Ahora bien, sería interesante conocer las verdaderas razones de los ‘sanchistas’ para optar por una mujer de las características de esta profesora. Quizás vean en ella el complemento perfecto para construir el bloque de izquierdas que gobierne el municipio en coalición una vez transcurridas las elecciones, imitando el modelo que se puso en marcha a veintiocho kilómetros de aquí. Los socialistas que optaron por romper con lo anterior no están en condiciones de que en Gijón se vuelva a repetir lo ocurrido hace tres años, la imposibilidad del pacto para evitar que Foro, con un puñado de concejales, renovara mandato por el desacuerdo con Xixón Si Puede e Izquierda Unida. Con ese objetivo en el horizonte, el combate entre ellos consistirá en ver quién queda por delante. Y ahí, la notoriedad cuando se disputa el mismo espacio es, ante el electorado, un valor relevante.

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