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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Cuestión de región

Tarde o temprano el ministro se dejará caer por Asturias para relatar la ‘completísima agenda’ que tiene en la región, pero en el caso al menos del plan de vías cabe pocas esperanzas de que venga con el pan bajo el brazo. Las dudas que se suscitan ahora sobre el acuerdo general para relanzar el proyecto gijonés son sospechosas. El 6 de julio, Pedro Saura, secretario de Estado de Infraestructuras, bendecía todos los puntos del pacto entre las tres administraciones en la junta general de accionistas de Gijón al Norte celebrada en Madrid, para su incorporación al convenio que tendría que ratificar el Consejo de Ministros. El ‘número dos’ de José Luis Ábalos llegó a señalar entonces que la tramitación del plan de esta ciudad era paralela a la que se llevaba a cabo para Santander. Sin embargo, los dos expedientes que discurrían a la vez fueron tomando en pocos días rumbos distintos. El 3 de agosto, el Gobierno autorizaba la firma del documento para desarrollar la segunda fase de la integración ferroviaria en la capital cántabra sin problema alguno. El ministro, el pasado 2 de octubre, visitaba la comunidad vecina para rubricar el pacto que transformará toda la infraestructura para el servicio del tren y la trama urbana de aquella localidad. El visto bueno del convenio del plan de vías, por el contrario, se ha dilatado para quedar a expensas de lo que resulte del estudio informativo sobre la futura estación central a la altura del Museo del Ferrocarril y el soterramiento de las vías hasta el apeadero de La Calzada. Dos años de plazo para fijar las bases de la actuación y sus costes, que pueden comprometer el consenso conseguido para impulsar un proyecto empantanado quince años.
El Ministerio ha pasado del blanco al negro en poco tiempo. Las razones técnicas que aluden en la revisión, tanto en el caso del compromiso con Gijón como en el escandaloso cambio en el sistema de vías para los túneles de Pajares, no son más que el disfraz de unas directrices políticas que emanan de Asturias con el ánimo de anular a los rivales ante la proximidad de la contienda electoral. Mientras tanto, el Ejecutivo regional, que asumió el nuevo esquema aunque sin llegar a pasarlo por el sello de su Consejo de Gobierno, opta por la teatralización. De todos es sabido que el PSOE local ha defendido la ubicación de la estación intermodal en Moreda bajo un criterio de centralidad distinto al plan que recibió ahora el mayor respaldo político y social. Volver a poner esa discusión sobre la mesa sería, cuando menos, una temeridad.
La plataforma para la integración ferroviaria ha dado de plazo hasta el 31 de este mes para que el ministro suscriba el convenio, bajo la amenaza de promover una movilización social en el caso de que Ábalos no mueva ficha en tal sentido. La reivindicación gijonesa no se puede circunscribir solo al ámbito local. Se echa de menos que la preocupación por el devenir del plan no sea compartida, por ejemplo, en el Parlamento asturiano, de la misma manera que tantas veces se hizo con la situación de la variante. ¿Acaso el plan de vías no es de interés regional? No cabe duda de que sí lo es. Estamos hablando de la estación término del AVE, principio y final de un nuevo modelo de transporte público moderno y sostenible al que no podemos renunciar de ninguna manera. Supone, además, pieza sustancial para el puzzle metropolitano que se quiere construir y que el Principado está tan volcado en impulsar. La movilidad en el área central de Asturias no se puede concebir sin una buena red de cercanías que cruce la ciudad de oeste a este en metrotrén. La relevancia del proyecto es tal que ya hemos visto el impacto que ha sufrido el uso de los servicios ferroviarios de proximidad con solo desplazar quinientos metros la estación. Con la terminal de Sanz Crespo, el apeadero que estaba llamado a ser provisional y que va camino de cumplir ocho años, el corto recorrido inició su agonía. Es decir, mire como se mire, el futuro del tren en Asturias depende también de lo que se haga aquí. Claro que lo importante es que se vaya haciendo la obra, como explican las huestes ministeriales. Faltaría mas. Pero también que la actuación no esté al albur de quienes en esos momentos tengan asiento en los despachos de Madrid.


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