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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Bienvenida sea Balearia

En el debate sobre orientación política general, conocido como debate sobre el estado de la región, hemos escuchado a Javier Fernández recordar que desde julio, cuando mantuvo su única reunión hasta ahora con Pedro Sánchez, contaba con el compromiso del presidente del Gobierno y confiaba sinceramente en que cumpliera su palabra para poner en marcha los acuerdos sobre infraestructuras en Asturias. Entre ellos, el jefe del Ejecutivo regional mencionaba, textual, la “autovía del mar”. Es decir, la autopista ya se ha quedado en autovía. Es simplemente un chascarrillo, porque lo que no se puede ser anecdótica es la confianza en que volvamos a recuperar la conexión marítima pérdida hace cuatro años.
Balearia es la esperanza. Bienvenida sea. La seriedad y el rigor con que la compañía de Abel Matutes y Adolfo Utor se ha puesto a trabajar sobre el proyecto contrasta con la desvergüenza de la naviera francesa que dio la espantada después de realizar falsas promesas y arramblar con una millonada en ayudas. La empresa balear ya tiene un barco elegido para la línea con Nantes-Saint Nazaire, que la propia Autoridad Portuaria de Gijón se apresuró a mostrar, de los cinco ferrys que deberá adaptar para utilizar el gas natural como combustible. Ese es el primer compromiso contraído por la aspirante en relación con el enlace. Hace justo un mes que la Comisión Europea dio luz verde al proyecto presentado por Balearia para remotorizar los buques en cuestión e instalar una gasinera en El Musel con el fin de suministrar el gas licuado a la embarcación en el caso de que se lleve adelante la apertura de la línea. El plan incluye plazos y subvenciones, dos cuestiones fundamentales para una exitosa resurrección. En cuanto a los plazos, la naviera tiene que implantar la conexión antes de mediados de 2021. Más de dos años por delante aún para convertir el ferry en un barco ecológico y preparar toda la infraestructura. Pero sobre todo, para explorar las condiciones del mercado teniendo en cuenta de que en todo este tiempo en que nos hemos quedado sin autopista los competidores de las comunidades vecinas no han permanecido parados. Una ventaja, si se cumple lo prometido, es que para entonces estén abiertos los túneles de la variante de Pajares y se favorezcan el tráfico con Castilla y León. La línea será más atractiva que la que hubo hasta 2014.
Sobre las subvenciones, la autoridad comunitaria garantiza el cobro de una ayuda de hasta 11,8 millones de euros para el proyecto presentado por Balearia, del que solo una parte corresponde al enlace asturbretón. La compañía ya advertido que no es suficiente, aunque existe la promesa de las tres administraciones, Ministerio de Fomento, Principado y Ayuntamiento, de aportar durante los dos primeros años de funcionamiento más de dos millones de euros. Las cifras son, desde luego, significativas, pero no tan elevadas como las que se manejaron cuando se abrió la conexión por acuerdo hispano-francés. De todas formas, falta por saber si las instituciones galas, las mismas que aquí, están dispuestas a poner dinero en igual proporción, dado que tan bueno es que entre y salga el barquito de Gijón como lo haga de Montoir de Bretagne. Con solo palmadas en la espalda no se saca adelante la iniciativa. Es necesaria, por lo tanto, una mayor labor de Estado.
Hay que tener en cuenta, además, que algo de mimo se le podrá dar a una compañía que dejará 90 millones de euros en año y medio con el encargo al astillero gijonés de Armón para construir el mayor catamarán de alta velocidad propulsado por gas del mundo. En definitiva, actividad y empleo para la región. No se puede decir lo mismo de las aerolíneas, que también beben del grifo sin transportar mercancías en las bodegas.

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