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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La campaña del ministro

El pasado día 7 de junio, cuando el ministro José Luis Ábalos recibía la cartera con los asuntos de Fomento de manos de Íñigo de la Serna, lo que menos se pensaba es que el plan de vías de Gijón podía sufrir un nuevo accidente. Pocos meses antes el proyecto había salido de la unidad de vigilancia intensiva por el acuerdo de las tres administraciones y el respaldo político-social tras una década de agonía. Por lo tanto, no cabía esperar que con el cambio gubernamental se pusiera en cuestión un consenso que solo estaba pendiente de su formalización mediante rúbrica. El nuevo equipo ministerial, sin embargo, optó por sembrar la incertidumbre y ponerse testarudo, volviendo incluso a intentar resucitar la idea del emplazamiento de la estación intermodal.
Ábalos y sus correligionarios cometieron un craso error. Tardaron cinco meses en actualizar la agenda de las infraestructuras en Asturias manteniendo una absurda tensión con dos efectos. La unidad en torno a la actuación ferroviaria se recompuso y volvió a coger fuerza en beneficio de la oposición política y puso contra el paredón a los representantes de su propio partido. En ese sentido, peor no lo pudo hacer.
Resulta llamativo que la gira del ministro se haya producido apenas una semana después de la ratificación federal del secretario general de los socialistas asturianos, Adrián Barbón, como candidato a la Presidencia del Principado y una vez que la formación política ya había elegido a Ana González para aspirar a la Alcaldía de la ciudad. Los dos fueron correspondidos por el ‘lugarteniente’ de Pedro Sánchez antes incluso de que lo hiciera con las autoridades durante su estancia en la región. Es decir, la visita de Ábalos también tuvo como componente el arranque de campaña, micrófono incluido ante los concentrados de la plaza Mayor, pese a que el plan de vías, por su excepcionalidad, tendría que ser un proyecto totalmente ajeno al desparramo electoral.
A buen seguro que vamos a ver más veces al ministro por aquí. Hasta la celebración de los comicios visualizará los distintos hitos a los que se ha comprometido en estos dos días de ‘tour astur’. En cualquier caso, todo aquello que haga para darle brío a la actuación, aunque sea con el objetivo de recomponer la confianza ciudadana en los suyos, bienvenido sea. Lo más inmediato es el documento para la firma del convenio con los cambios propuestos, que no hay razón para pensar que puedan alterar el resultado de la integración ferroviaria de Gijón. La plataforma político-social ha advertido que estará vigilante para que se vayan cumpliendo los pasos. En definitiva, respeto a la idea, dinero y plazos.
El desarrollo del nuevo plan de vías en el tiempo previsto, siete años por delante, es irrenunciable por varias razones. Apunto tres: la concentración de una inversión que generará actividad y empleo, su aportación al impulso y modernización de las comunicaciones en la futura área metropolitana y la necesaria transformación del sistema de movilidad de la ciudad. Gijón, como el resto de grandes ciudades del país, tiene que enfrentarse a la reducción de las emisiones contaminantes de los coches mediante medidas cada vez más restrictivas en el uso de vehículos particulares. Antes de 2025 el corazón de la urbe tendrá que verse libre de humos. El transporte público es la gran alternativa. El ferrocarril dará servicio de oeste a este recorriendo el centro y EMTUSA deberá adaptar sus líneas para confluir desde la periferia con las bocas del metrotrén. «40 años de entusiasmo» reza el eslogan conmemorativo de la empresa municipal que estos días se puede leer ilustrando algunos autobuses. Entusiasmo es lo que también necesita el plan de vías y lo que su puesta en marcha conlleva. La presencia ministerial, al menos, sirvió para renovar la esperanza.


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