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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El chip del miedo

Gijón es una de las ciudades más seguras de España. Al menos es lo que dicen las estadísticas oficiales que manejan las autoridades. Estamos muy por debajo de la media en los índices de delincuencia a todos los niveles, según los números policiales, aunque ello no quiere decir que de vez en cuando tengamos algún sobresalto que altere los resultados hasta volver de nuevo a la tranquilidad de vivir en este lugar sin temor a preocuparse. Esa es la realidad que recogen las hojas del excel, esgrimidas por quienes tienen competencia en la materia cuando hablan también en términos comparativos. No es lo mismo Málaga y Madrid o Barcelona y Badajoz. Pero la seguridad también tiene un componente de percepción subjetiva, individual y colectiva, que se manifiesta en forma de estallido cuando se produce un cortocircuito que hace saltar el chip. El miedo es libre y además contagioso.
Eso es lo que sucede estos días en La Calzada. En el barrio se han disparado las alarmas por la acumulación de asaltos con armas y violencia en varios establecimientos de la avenida de La Argentina. Algunos robos fueron resueltos con diligencia policial deteniendo a sus autores, uno de ellos ayer, y el último está pendiente del «arresto inminente» prometido por la autoridad. Vecinos, comerciantes y hosteleros expresan con razón su preocupación ante esta oleada de delitos, que ha tenido como escenario la calle más comercial y concurrida de la zona. El barrio socialmente ejemplar y solidario de Gijón sufre en sus carnes la alteración de la convivencia por unos malhechores sospechosamente atraídos por el oscuro negocio del tráfico de drogas. Actuar sobre este foco es la manera más eficaz de acabar con la raíz del problema, pero mientras se afronta esa tarea resulta obligado garantizar la seguridad de la ciudadanía. El Ayuntamiento ha pedido tranquilidad a los afectados por la escalada de atracos porque las fuerzas policiales están trabajando en el desenlace, al tiempo que señala que La Calzada se encuentra tan protegida como cualquier otro barrio de la localidad.
Sin embargo, la reivindicación de sus residentes reabre el debate sobre la necesidad de potenciar la figura de la policía de proximidad en Gijón mediante una labor que pueden compartir todos los cuerpos. La idea está sobre la mesa. Descartar de mano el aumento de la presencia constante de agentes en las calles, aunque para ello se tenga que incrementar plantillas, supone desatender una demanda que está empezando a dejar de ser puntual. Ahora es allí, en la zona oeste, pero mañana puede ser en cualquier otro lugar del centro, el sur o el este. Existen experiencias con resultados interesantes en otras poblaciones. No erradica totalmente la delincuencia, pero sí supone una acción preventiva y disuasoria evidente.
De la misma manera que es loable, si finalmente se hace, la eliminación de los ‘espacios del miedo’ de Gijón. En el periódico hemos recibido en los últimos días una relación de sitios remitida por nuestros lectores cuyas condiciones de tránsito generan temor a la ciudadanía. Pasos subterráneos y elevados, soportales, calles solitarias o mal iluminadas, pasadizos, parques… El listado es amplio y su supresión física, imposible. Pero todos ellos tienen tratamiento específico para, como mínimo, reducir la sensación de que entras en la guarida de un lobo.


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