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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Feliz Metrópoli

Para no aguar más la fiesta he decidido renunciar a hacer un balance del 2018 que despedimos, con sus cosas buenas y sus malas cosas. Y tampoco abordar lo que nos espera en 2019 cuando ya empezamos a ensillar el nuevo año. Vamos a dejar de hablar por una vez de la incertidumbre que nos aguarda en la antesala de las elecciones municipales y autonómicas, que amenazan con dejar unas instituciones políticamente divididas en dos polos con más fragmentos de como las conocemos ahora. O de la transición energética con prisa y sin pausa, que lleva de cabeza a la región hacia un proceso de desindustrialización. No hablaré de los efectos de la desaceleración del crecimiento de la economía; de los asturianos que hacen las maletas; del conflicto catalán, que solo se solucionará cuando tenga que solucionarse; del brexit como desatino o de la guerra comercial a nivel mundial.
Quería dedicar esta tribuna a la unión más que a la desunión. A la colaboración frente a la rivalidad. Al aperturismo frente al ombliguismo. Decía Ortega y Gasset que los localismos en este país eran la mayor resistencia a las reformas regeneradoras. Lo estamos viendo prácticamente a diario en algunos cabecillas municipales que gobiernan como si fuera su casa particular. Los reinos de taifas, que se llaman.
Por ello destaco un proyecto cuyo planteamiento no es nuevo, llevamos treinta años con la idea sobre la mesa, pero que hasta ahora no había tenido si quiera un capítulo preliminar como el que se ha ido escribiendo en los últimos meses. El próximo 30 de enero, si no se produce ningún contratiempo, el pleno del Ayuntamiento de Gijón aprobará su adhesión al Área Metropolitana de Asturias, impulsada por el Principado y los grandes municipios del centro de la región. Ese mismo día, celebrarán sus sesiones plenarias Oviedo, Siero, Avilés y Langreo con el mismo propósito. Mieres, si deja a un lado la cabezonería, también mostrará su ‘sí’ al protocolo.
La constitución del Área Metropolitana es un acierto. Ninguna localidad tiene por qué perder autonomía en sus decisiones y, sin embargo, todas pueden ganar protagonismo en el reforzamiento de esa gran urbe que conforma el espacio central de Asturias. Un espacio que necesita ideas, orden, coordinación y concierto para convertirse en un metrópoli moderna, atractiva y con mayores oportunidades para los ciudadanos de las que tenemos ahora. Se trata de poner en común la política regional y las políticas locales en busca de sinergias para aprovechar mejor los recursos y evitar las duplicidades. Todos ustedes, estimados lectores, tienen en mente proyectos y equipamientos que se llevaron a cabo a lo largo de estos años con escaso sentido del despilfarro.
Se han cometido demasiados errores, ahora difícilmente subsanables, y de lo que se trata es de impedir caer otra vez en ellos si, a partir de lo que tenemos, trabajamos en las prioridades desde la cooperación. Juntos somos más fuertes, desde luego. El séptimo núcleo poblacional de España. Una suma que nos da vigor para plantarnos en Bruselas y captar fondos que permitan desarrollar iniciativas que fortalezcan esa marca y las ciudades que la integran. Ello no quiere decir que los municipios tengan que renunciar a sus peculiaridades. Ni Gijón le va a quitar la capitalidad a Oviedo, ni Oviedo va a gestionarnos la playa.
Hay por delante dos retos sobre los que el Área Metropolitana tendrá que actuar en su estreno: La movilidad y el medio ambiente. Dos problemas comunes de la zona central que tienen que tener una respuesta también común. Razón de ser de lo que estamos hablando. Con el convencimiento de que la iniciativa contribuirá al progreso si somos capaces de conducirla sin entorpecimientos, solo cabe desear un próspero año.


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