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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El espectáculo político

Esta semana había en mente un buen rosario de temas a los que dedicar esta parrafada, pero finalmente me vi arrastrado por el ardor preelectoral. Fíjense ustedes la cantidad de asuntos que fueron surgiendo a lo largo de los últimos días para llevar a este rincón del periódico: la ingeniosa idea para sustituir a los policías locales que se jubilan bajo el beneficio de la ley con voluntarios de protección civil, la acumulación de expedientes para rehabilitar fachadas en el país de las colas, los dos mil jóvenes que se nos marcharon en un año dejando un vacío de difícil cobertura o la otra ‘leyenda urbana’ a la que se refirió el exlíder de UGT en la comisión de los parlamentarios metidos a investigar el provecho de los fondos de formación. Y sin embargo, he quedado atrapado por el ‘reality show’ de la política cual si fuera una buena serie de televisión.
En estos entretenidos días hemos sido testigos de hechos previsibles y otros no tanto en las batallas intestinas de los partidos ante la configuración de los carteles electorales a nivel local. La sorpresa vino de la mano de David Alonso, el concejal de Podemos que en materia urbanística llegó a ser considerado el noveno edil del equipo de gobierno municipal. Alonso deja la formación morada que conduce Mario del Fueyo para abanderar un nuevo proyecto político de ámbito gijonés con el deseo del cambio.
Los proyectos personales no suelen tener buena vida. En esta ciudad la experiencia más sonada fue la de Unidad Gijonesa, que duró un mandato con el distingo de que quien encabezaba entonces había sido el primer alcalde democrático de la villa. Cosa distinta es que encuentre refugio bajo otras siglas ya conocidas. El desencanto acaba desarmando incluso a sus propios protagonistas. No en vano, las lágrimas del munícipe son la expresión del desmembramiento que sufre el podemismo, dentro de la crisis general del bloque de la izquierda que lleva irremediablemente a un encogimiento aquí y en la región.
Por otro lado, el ‘terremoto Mallada’ en el PP asturiano era predecible después de que Pablo Casado llegara al altar en un ejercicio de matrimonio con el liderazgo del partido. Mercedes Fernández rehusó llevarle las arras y los errores se acaban pagando. Teresa Mallada, en la candidatura regional, y Alfredo Canteli, en Oviedo, han sido las personas elegidas para aprovechar los vientos de cambio que empezaron a soplar desde el sur. «La reconquista» que llamó el presidente popular. El dilema ahora es que en Gijón, el mayor granero electoral de Asturias, el recién estrenado casadismo no tiene claro a quién colocar. Nombres hay sobre la mesa, alguno de ellos recabando activamente apoyos, pero ninguno parece satisfacer el perfil trazado para aumentar la cosecha de votos del PP con el fin de ganar distancia en la carrera del centroderecha asturiano.
Los populares necesitan dar un golpe de efecto como el que consiguieron en la capital con el fichaje del presidente del Centro Asturiano, el gran deseado de la derecha ovetense. Hay dos alternativas: intentar convencer a una persona conocida de la sociedad local para encabezar la marca de la gaviota o pactar una coalición con Foro que amarre la representación en el Ayuntamiento frente al ascenso de otras fuerzas del mismo espacio político. Ahora bien, una vez que la designación se hace a dedo, lo mejor es dejarse llevar por el sentido común. Y el sentido común dicta que lo acertado en todo caso es optar por la candidatura que más daño haga al adversario.

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