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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El volcán de la transformación

Solo una brusquedad como la que le produjo la muerte podría acabar con la enorme vitalidad que desprendía. Solo de esa manera, inesperada, con nocturnidad y a traición, sería capaz de quedar apagada una persona invencible y luchadora hasta la saciedad. El pasado martes mantuve mi última conversación por teléfono con Tini Areces. Fue a raíz del fallecimiento de Juan Cueto y en un santiamén me relató sus vivencias con el mayor pensador de la comunicación que ha dado el siglo XX desde el impacto que sufría ante tal irreparable pérdida. Tini era una ametralladora para todo. En el transcurso de la charla me confesó su preocupación por la comparecencia que al día siguiente iba a protagonizar ante la comisión de investigación sobre los fondos de formación en la Junta General. Estaba preparando su intervención. Una intervención que ahora, si cabe, cobra más valor en cuanto que ha sido la última que brindó en sesión institucional. De otra manera, habría pasado totalmente desapercibida. En la comparecencia volvimos a ver al ‘volcán Areces’, en plena forma, con igual estallido que respondía a sus adversarios en los mejores plenos municipales allá por los años noventa o en los rifirrafes posteriores del Parlamento regional.
Se nos ha ido un gigante de la política asturiana. Un hombre de una ideología social renovadora absolutamente marcada, que toda su vida, desde su época estudiantil hasta ayer, se dedicó de lleno a luchar por transformar la sociedad allá en el sitio donde en ese momento estuviera. Vicente Alberto Álvarez Areces, Tini, combatió el régimen franquista para la conquista de las libertades, hizo frente al carrillismo en el partido comunista de los setenta, se convirtió en el contrapeso del guerrismo encarnado por José Ángel Fernández Villa en el socialismo asturiano desde su feudo gijonés y en los tiempos que corren de sanchismo formó parte de los barones contrarios al rumbo adoptado por el partido. Tini Areces, en ese sentido, fue siempre un contestatario. Mantuvo un carácter rebelde en la defensa de sus creencias, quizás influido por esa capacidad arrolladora para generar ideas y promover cambios, cuanto más vertiginosos mejor, como los grandes líderes políticos que fueron haciendo historia en este país.
Fue precisamente esa capacidad la que condujo al propio partido a recurrir a Areces a modo de rescatador. Lo hizo en dos ocasiones. En 1987 cuando el PSOE gijonés logró convencer a aquel profesor de matemáticas procedente del comunismo, que entonces soñaba por mejorar la educación desde su labor inspectora, para enfrentarse en unas primarias al exalcalde e histórico socialista José Manuel Palacio con el fin de encabezar la lista a la alcaldía de la ciudad. Y en 1999, cuando fue proclamado candidato a la Presidencia del Principado para recuperar el gobierno regional de la mano de una formación dominada por el sindicato minero que necesitaba recuperar credibilidad y espacio institucional en medio de una crisis industrial mayúscula.
Un hombre empapado de valores democráticos, que supo emplear el diálogo y el consenso como las mejores herramientas para llevar adelante la tarea pública. La concertación se convirtió a lo largo de su carrera en el instrumento más util para el avance de la sociedad, de la economía y del estado de bienestar.
Tini Areces gobernó veinticuatro años. Doce como alcalde de la mayor ciudad de la región y otros doce al frente del Ejecutivo de la comunidad autónoma. Ha sido el mandatario regional que mayores transformaciones realizó desde las administraciones que tuvo la encomienda de liderar. Fue un gigante de la política, pero también el gran modernizador de Gijón y Asturias. La villa que lo vio nacer y la región por la que tanto trabajó tienen ahora la oportunidad de disfrutar de su legado.

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