El río maltratado | Viento de Nordeste - Blogs elcomercio.es

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Ángel M. González

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El río maltratado

El título responde a una apreciación personal. No tiene por qué ser compartido por la mayoría de quienes puedan leer este artículo y a buen seguro que los responsables de las instituciones con competencia en la materia acumulan argumentos suficientes para considerar justo lo contrario. Pero creo que deberíamos mimar un poco más al Piles. La reflexión surge a partir de la noticia que esta semana publicábamos en estas páginas sobre la autorización administrativa a la constructora del pozo de tormentas del parque de Hermanos Castro, antiguo Parque Inglés, para el vertido al río de las aguas freáticas que emanen de la obra. Dicho así, lo que se está permitiendo sin más es su envío a la playa de San Lorenzo, aunque la bendición hecha por los ecologistas puede ser para algunos motivo suficiente de tranquilidad. Ese agua procedente de las marismas que en su momento fueron rellenadas llegará supuestamente al Piles tan sumamente filtrada que su aporte no supondrá riesgo alguno, a tenor de lo que se fija en el proyecto de depuración. Vía libre, pues, para el baño en verano. Saldrá cuasi cristalina, como la que compramos embotellada de marca con contenido mineral. Hasta puede que ganemos en la mezcla con la que proceda de los colectores que ahora vierten directamente por Peñarrubia sin tratamiento previo alguno.
Pese a no existir razón para la inquietud, sin embargo es preocupante que El Piles, al final, sea cauce de los males que Gijón sufre por la carencia de un saneamiento propio del siglo en el que estamos y de una política fluvial que deja bastante que desear. Cuántas veces hablamos de que la ciudad no puede vivir de espaldas a la mar y de que la economía azul abre un sinfín de oportunidades para lograr una mayor prosperidad y, por el contrario, cerramos los ojos ante el maltrato a los ríos, un recurso natural pendiente de mejor provecho. Estos días escuchamos a los aficionados a la pesca del salmón quejarse de la acumulación de plásticos y residuos en los márgenes fluviales por la falta de limpieza en las cuencas asturianas. En El Piles no hay salmones, hay muíles, pero también abunda el desperdicio, visible sobre todo los fines de semana, y la acumulación de maleza aguas arriba por semejante dejadez administrativa. Si no fuera por la corriente pasaría como en el canal del Molino Viejo o con el Pilón, cuyo aspecto es de inmundicia y los efectos en Isabel la Católica o en Moreda se vuelven a veces insoportables.
Hace ya quince años que el cauce del Piles desde La Guía hasta la desembocadura sufrió la transformación para construir el paseo inundable que protege la zona cuando se producen las avenidas. La intervención, en la que el inolvidable Rubio Camín dejó su huella convirtiendo el río en un gran espejo, fue un acierto. Pasado el tiempo, el Piles merece otra actuación. Quizás un buen dragado que mejore su imagen en el entorno mas visitado de la ciudad después de tanto castigo recibido como transportador de basuras y aliviadero.
Postdata: A propósito del tema medioambiental llama la atención la decisión de la Consejería de Infraestructuras de encargar un nuevo estudio con la Universidad de Oviedo sobre el polvo que se genera en los barrios del oeste de la ciudad y en la zona este del municipio de Carreño. El presupuesto para el informe supera con creces los cien mil euros y el objetivo es determinar el origen, el comportamiento y la medición de la porquería que ensucia los alféizares de las casas, las calles y los coches y que, por desgracia, estamos condenados a tragar. Ahora bien, ¿cómo es posible a estas alturas que tengamos que pagar otro análisis más sobre las dichosas partículas? ¿Acaso no está ya suficientemente diagnosticada la contaminación que padecemos?


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