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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El río que tenemos

Hace unos meses, en mayo, publicaba un artículo en este mismo espacio dominical bajo el título ‘El río maltratado’ para referirme al castigo al que estaba siendo sometido El Piles desde hace muchísimos años. La reflexión venía a cuento después de que la constructora del pozo de tormentas del parque de Hermanos Castro recibiera autorización administrativa para el vertido al río de las aguas freáticas de la obra, previa depuración de los lodos, faltaría más. Esta evacuación, sin embargo, tenía una importancia relativa en comparación con los derrames de porquería que llegan al cauce por los colectores en mal estado, una red de saneamiento que es incapaz de soportar una tromba o con percances como el que ocurrió en agosto procedente de las frituras en el recinto ferial, por fortuna, al parecer, ya solventado.
Esta semana se produjo un nuevo cuadro impresionista en San Lorenzo con la aparición de media docena de sollas muertas en la orilla del arenal, que llevó al Ayuntamiento al cierre cautelar de la mitad de la playa. Los primeros análisis determinaron que el origen del susto era la putrefacción del ocle, nada extraño por cierto para quienes nacieron y crecieron a la vera de la mar. Pero las muestras recabadas en El Piles, además, constataron el desastre ambiental: No tenemos un río, tenemos un inodoro. Aurelio Martín, concejal de Medio Ambiente, anunció que el Ayuntamiento iba a elaborar un plan urgente de actuación sobre las infraestructuras de la EMA para frenar los vertidos fecales después de comprobar que el cauce se ha convertido en una guardería de bacterias.
Si queremos cuidar la playa, lo primero es mimar el río. El Piles, sin embargo, ha sido abandonado. La imagen que ofrece desde el ‘puentín’ de La Guía hasta su desembocadura conduce a la tristeza. Empieza a cobrar el mismo aspecto que se puede ver en el canal del Molino Viejo en el parque de Isabel la Católica o en el Pilón, en Moreda, un lugar bien conocido por el propio Aurelio. La prioridad es solucionar el grave problema de saneamiento detectado ahora, sin duda alguna. Pero luego se tendría que practicar una limpieza a fondo de todo el curso. Un dragado sin contemplaciones, que no se lleva a cabo desde hace casi veinte años, cuando fue sometido a su transformación para prepararlo para las avenidas provocadas por los temporales.
El maltrato del Piles, como el que sufren el resto de riachuelos del concejo, es consecuencia de una política fluvial desastrosa por parte de todas las administraciones con competencia en la materia. Desde Las Mestas hasta la playa es lo más visible, pero los problemas los podemos encontrar igualmente aguas arriba, donde el Consistorio también plantea con acierto intervenir. El edil medioambiental anunció que el gobierno local iba a investigar lo que ya se viene sospechando desde hace tiempo sin que las autoridades realizasen la mínima comprobación. Sostiene Martín que particulares, empresas y equipamientos pueden estar utilizando El Piles de aliviadero de residuos sin ningún tipo de precaución, lo que supondría, de ser cierto, un atentado medioambiental en toda regla. Si de verdad se descubre que existen desagües clandestinos a lo largo de sus más de diez kilómetros de recorrido hay que aplicar con dureza el correctivo correspondiente, caiga quien caiga. La denuncia del concejal, por otro lado, provoca estupor. En el caso de que la inspección municipal descubra los derrames ilegales se reforzaría la tesis del maltrato por omisión que sufre este patrimonio identitario de la ciudad. En esto, la Confederación Hidrográfica del Cantábrico tiene bastante que decir.
Quedamos pendientes, pues, del resultado de las averiguaciones, con la confianza de que el Ayuntamiento desempeñe la tarea con la eficacia y transparencia que empleó estos días al descubrir la contaminación por coliformes. Los ciudadanos no esperan otra cosa que diligencia en la respuesta a este grave problema y no un montón de gente sentada discutiendo a ver qué hacemos en una comisión.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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