El declive en la escuela | Viento de Nordeste - Blogs elcomercio.es

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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El declive en la escuela

La imagen del colegio de Jove anegado por el agua sucia que brotaba del sumidero forma parte del amplio muestrario de daños que sufren los centros públicos de esta ciudad por la falta de atención ante el irremediable paso del tiempo. El cabreo generado en la antigua escuela ha sido la expresión en voz alta de un malestar generalizado en la comunidad educativa por el estado de un buen número de colegios gijoneses, que imparten a diario las clases con desconchones en techos y paredes, baños que se inundan, aulas sin ventilación, goteras en los tejados o entre puntales para reforzar pilares y evitar derrumbes. El mismo día que los padres vociferaban en la Junta General del Principado aquello de «¡cómase usted el bocadillo!» ante la genial idea de la consejera de Educación de repartir sandwiches entre los chavales por la clausura del comedor, una persona conocida me relataba la situación que atravesaba la escuela de su hijo en Pola Siero. El Celestino Montoto llevaba una semana cerrado por un cortocircuito en un cuadro eléctrico que había obligado a desalojar a todo el alumnado. Increíble, pero cierto.
La falta de mantenimiento es un mal general en toda la región. En Gijón, más de una decena de centros escolares han puesto de manifiesto los desperfectos que sufren en sus instalaciones sin encontrar respuesta en la administración.
Los colegios han pasado en poco tiempo de recibir ordenadores portátiles a tutiplén a tener que colocar calderos. Los problemas que padecen son consecuencia de los ajustes presupuestarios derivados del declive, que han provocado un deterioro en la práctica totalidad de los servicios públicos, en la educación, en la sanidad, en los equipamientos, en las infraestructuras o en el transporte. Pero en el caso que nos ocupa, además de una reducción de los recursos para afrontar los gastos, se añade también un déficit en la gestión del escaso dinero que se dedica a tal menester.
En Jove, con motivo de las protestas, el Ayuntamiento se puso inmediatamente manos a la obra para arreglar la tubería que originó el conflicto. Sin embargo, una pequeña parte de la lista de actuaciones pendientes en este colegio y en otros centros de la ciudad será abordada aprovechando las vacaciones navideñas y el resto, la mayoría, una vez finalizado el curso, cuando estaba previsto que los trabajos se acometieran en el pasado verano. Es decir, con un año de retraso y eso es lo que no tiene justificación.
No se trata ahora de buscar responsables, si la culpa es del anterior gobierno local por no haber completado la tramitación antes de la despedida, o del actual, al que le faltó agilidad para atender las necesidades plasmadas en el expediente.
No sirve tampoco realizar acusaciones en función de si las competencias son de una u otra institución porque, sean cuales sean las causas, la administración como tal merece el suspenso. De la misma forma que podría recibirlo la oposición política, a la que se le echa de menos una mayor labor de control sobre la materia.
La tarea que tienen por delante los gobiernos para afrontar la degradación que sufrimos por el estrangulamiento presupuestario derivado de la recesión es ingente. El caos de las cercanías ferroviarias, el mal estado de las carreteras de acceso y de las calles, el abandono de espacios públicos baldíos, la invasión de los plumeros de la pampa, el deterioro en los equipamientos de los barrios y parroquias rurales, la falta de limpieza de cauces y manantiales, la impresentable imagen del parque de Isabel la Católica, la conversión del Piles en cloaca…
A todo ello hay que dedicarse, sin duda alguna, con las limitaciones económicas que seguimos padeciendo. Pero donde no podemos permitir un descuido es en el mantenimiento de las instalaciones escolares por el bienestar de nuestros hijos. Al fin y al cabo, en ellas son donde pasan la mitad del día.


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