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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El revés de la fueya

Entre todas las disertaciones que nos ha brindado esta semana el presidente del Principado se puede extraer una afirmación con la que no se puede estar más de acuerdo. La hizo en el acto de inauguración de la nueva terminal de la Corporación Masaveu en el puerto gijonés de la siguiente manera: «Es mentira que debamos elegir entre industria y medio ambiente, entre crecimiento y empleo por un lado y salud y ecología por el otro, como si fueran el haz y el envés de una hoja. Esa es una dicotomía falsa que a veces se arguye de forma irresponsable». Adrián Barbón prometió luego esforzarse para que ambos objetivos sean compatibles. El mayor esfuerzo que tiene que hacer el primer mandatario regional es dar puñetazos en Madrid para que, de una vez por todas, se lleve a cabo en este país una política industrial seria, que salvaguarde al sector, que favorezca su consolidación, que impulse su desarrollo y que permita competir en las mejores condiciones. Por el contrario, pese a la predicación para desmontar la supuesta disyuntiva aludida por el líder socialista asturiano ante el selecto auditorio en el puerto, lo que se ha venido ejerciendo hasta ahora ha sido precisamente el revés de la fueya. En los últimos tiempos, la industria más que apoyo ha sufrido un cerco. La Administración, a todos los niveles, se centró en el endurecimiento de la normativa ambiental para responder a la creciente presión social generando un coste añadido sin contrapartidas y sin solventar el resto de las demandas del sector para garantizar la actividad. De ahí el dilema. Pese a ello, mientras las autoridades pregonan su relevancia pero se mantienen en estado inerte ante la necesidad de corregir las desventajas con las que tienen que salir todos los días al mercado, las empresas están haciendo los deberes.
El ejemplo lo tenemos en Aboño. Este lugar está pasando de ser uno de los enclaves industriales más demonizados del territorio nacional por la difusión de partículas, a convertirse en el punto de mayor concentración de inversiones para modernizar instalaciones y situar los niveles de emisión por debajo incluso de los estándares permitidos. En poco más de cinco años el desembolso realizado por las tres grandes compañías allí asentadas alcanzan los quinientos millones de euros.
La cementera, la primera empresa con un almacén cubierto en la ampliación de El Musel estableciendo el método de lo que hay que exigir para el movimiento de graneles como ocurre en otros puertos de Europa, lleva emprendiendo reformas millonarias en la fábrica en favor de una producción limpia y sostenible. EdP acometió los proyectos de desnitrificación y desulfuración en su segundo grupo de generación, de tal manera que está en condiciones de mantener la actividad durante la transición ecológica exprés de la ministra Ribera. Al grupo uno, por contra, le quedan seis meses contados. La duda es si el cierre de la histórica planta de HC vendrá acompañado de compensaciones, los fondos verdes prometidos por el Gobierno para paliar la reconversión mediante el impulso a nuevos proyectos creadores de empleo.
La tarea de Arcelor para reducir la contaminación está ya de sobra contrastada. Nuevas baterías, remodelaciones en la sinterización, reformas en los hornos altos, en la acería… Todas las fases del proceso siderúrgico en Gijón y Avilés están sometidas a transformaciones para ganar la carrera ambiental. Sin embargo, este empeño no es suficiente. La viabilidad de las empresas no se consigue solo con el liderazgo ecológico. Necesitan el acompañamiento de las administraciones y es ahí donde tras las buenas palabras se echan de menos los hechos.
Barbón, en aquella intervención, también dijo que resultaba apremiante que el Gobierno de España aprobase el estatuto de las electrointensivas y abaratase el precio de la energía. En esto hay que ser machacones. Como en reclamar medidas en frontera para proteger lo que aquí fabricamos, exigir que Asturias no quede descolgada de los grandes corredores ferroviarios y no desfallecer en recuperar la autopista del mar. Hay que alzar más la voz, incluso para que se saque dinero de debajo de las piedras con el fin de acometer el vial de Jove, que no es otra cosa que la autovía industrial a la que el puerto lleva aspirando desde hace medio siglo.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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