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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Deseo metropolitano

De la ingente lista de deseos elaborada para 2020 extraigo aquellos que tienen relación directa con la urgente necesidad de crear empleo, lograr la estabilidad política y acabar con la pobreza y la desigualdad social. También tengo incluidos en el amplio catálogo de anhelos la revitalización de la industria, el desarrollo del plan de vías, el saneamiento de las aguas, un aire más limpio o la mejora de los barrios. Y por supuesto que figuran otros como la llegada del AVE, las conexiones aéreas, el regreso de la diáspora y una región más poblada, joven e innovadora. Sin embargo, la petición que he entresacado, con la mirada puesta en el futuro, conlleva aprovechar la potencialidad que ofrece la zona central de Asturias para conseguir, con orden y concierto, mayor prosperidad.
En febrero se cumplirá un año que el Principado y los ayuntamientos de Gijón, Avilés, Siero, Langreo y Mieres firmaron el convenio para la puesta en marcha del área metropolitana. Su nacimiento fue bombardeado por las huestes capitalinas, temerosas de que la ‘ciudad astur’ pusiera en peligro el poder umbilical de Oviedo. Nada más lejos de lo que es. El proyecto no cuestionaba su capitalidad, faltaría más, pero lo cierto es que desde entonces no se avanzó más en la idea por el ‘egocentrismo’ que emana del consistorio carbayón.
El pacto que dio lugar a su creación será revisado para incluir a la capital porque está claro que resulta absolutamente inviable la metropolización sin su presencia. Pero cualquiera que sea el modelo que se adopte para facilitar su incorporación tiene que huir del imperativo localista esgrimido por quienes rigen el destino ovetense. El área central asturiana es singular. Un espacio policéntrico, donde cada lugar que lo integran tiene sus peculiaridades, todas ricas y complementarias, perfectamente ensamblables. No se trata de que una tenga que mandar más por detentar un título, sino de ver qué puede aportar al conjunto en beneficio de la unidad. Si no se entiende de esta manera, jamás se podrá llevar adelante su configuración institucional.
En la práctica, la gran metrópolis asturiana ya existe. Para los ciudadanos es una realidad que experimentamos a diario. Nos movemos a todas las horas de un lado a otro por el corazón regional para trabajar, por razones de estudios, para ir de compras, realizar trámites, por ocio y fiesta o por inquietudes culturales. Tenemos servicios consorciados, equipamientos que pueden ser complementarios y suelo abundante para el crecimiento urbanístico y empresarial. Sin embargo, llevamos treinta años debatiendo cómo darle forma administrativa a la ‘macrourbe’ para su ordenación, a la vez que se va acelerando el deterioro de las comunicaciones que son el eje vertebrador de la vida metropolitana.
Es decir, el problema no es de los gijoneses, de los ovetenses, de los avilesinos o de quienes residen en las cuencas. Si no hemos avanzado un ápice después de decenas de planes estratégicos, diagnósticos de movilidad, análisis territoriales, informes demográficos y programas de actuación, ha sido por causa de los políticos. Quienes han gobernado en los ayuntamientos durante todo ese tiempo no tuvieron la gallardía de trabajar en la construcción de ese enclave del ocho asturiano que ahora vemos tan necesario para incrementar el atractivo de las ciudades que lo componen y mejorar el bienestar de sus habitantes. Los representantes políticos se han dedicado más a intentar debilitar al vecino renunciando a la cooperación, poniendo obstáculos y denunciando cercos para justificar la inacción y seguir en el machito. Reinos de taifas en el califato astur.
Los alcaldes de las nuevas corporaciones brindaron el viernes por primera vez en este mandato con una llamada a la colaboración y a la unidad. La creación del área metropolitana es el gran reto municipalista que tienen por delante. Mensajes como los que se dieron en el salón de recepciones de la casa consistorial gijonesa ya los hemos escuchado más veces. Pese a ello, en una demostración de confianza, ojalá alcen las copas el próximo mes de diciembre celebrando tal unión.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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