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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El consenso y la ratonera

Uno de los grandes logros de la anterior Corporación fue el relanzamiento del plan de vías cuando sobre la infraestructura recaía una maldición que la condenaba a una paralización perpetua. Un gobierno municipal en minoría había sido capaz de concitar el mayor apoyo político y social sobre un proyecto pactado entre tres administraciones de diferente color por primera vez, tras más de una década de abandono.
El acuerdo causó indigestión al PSOE local. El plan del siglo XXI más transformador para Gijón no llevaba plasmada su firma. ¿Cómo iban a permitir los socialistas que un gobierno distinto «por accidente» cambiara su planteamiento hablándolo con toda la ciudad? En ese sentido, la actual alcaldesa no engaña a nadie, aún a pesar de que hace un año cerraba su discurso de investidura con la siguiente promesa: «El diálogo y construir conjuntamente serán las herramientas que utilizaremos para que Gijón avance». Tal declaración de intenciones se la lleva el viento con la ruptura del consenso que había permitido desbloquear el proceso de integración ferroviaria al proponer de nuevo la idea de construir la estación central en Moreda.
La vuelta a la casilla de salida, como muy gráficamente resumieron los vecinos para expresar su contrariedad, era de todas formas esperada. No causa sorpresa. El consenso cayó en la ratonera colocada por el Ministerio de Fomento, bajo las riendas del jefe socialista José Luis Ábalos, cuando sometió la ubicación de la estación intermodal junto al Museo del Ferrocarril al veredicto de un estudio informativo con dos premisas: Que el proyecto fuera comparado con el emplazamiento original en Moreda y que el convenio pudiera ser revisado si la diferencia en coste superaba el 20%.
Con esas condiciones ¿quién no pensaba que, después de dos años, con elecciones de por medio, regreso del PSOE a la Alcaldía y la misma fuerza política mandando en las tres administraciones aquel acuerdo tan deseado y aplaudido no saltara por los aires? El resultado de ese estudio, como ya aventuraba todo bicho viviente, concluye que la terminal cerca del centro sale más cara que la solución inicial más alejada. Es el único argumento que la primera edil gijonesa puede utilizar para rescatar el proyecto de partido y exterminar el acuerdo. Una justificación a la que se añade otra no menos sustancial: Permite levantar más torres para financiar la operación al dejar mayor superficie de suelo liberada. Ambas son poderosas, no cabe duda, pero el resto de razones a favor de la estación pactada pesan sobremanera cuando estamos diseñando la ciudad que queremos los gijoneses después de tantos años de olvido.
El mismo informe ministerial valora la funcionalidad y la vertebración que ofrece su instalación al lado de la antigua estación del Norte, frente al emplazamiento que se aleja incluso del lugar donde tenemos la eterna terminal provisional. ¿Qué más se puede pedir a una actuación que, en definitiva, trata de potenciar el uso del transporte público con la conformidad de todos los operadores?
Por el contrario, destaca la alternativa de Moreda desde un punto de vista medioambiental, aunque sin tener en cuenta en esa posible ‘ventaja verde’ que el plan junto al Museo del Ferrocarril venía acompañado del soterramiento total de las vías hasta La Calzada. La barrera física que mantiene dividida la urbe quedaba absolutamente suprimida atendiendo a una reivindicación histórica de la ciudadanía de la zona Oeste.
Existen experiencias en este país que pusieron de manifiesto el fracaso por alejar las estaciones de trenes y autobuses del centro. Y otras en las que sus ayuntamientos pelearon lo indecible para conseguir que el AVE parara en el corazón de la ciudad. En Oviedo no tienen ese problema. Si la alta velocidad llega algún día, lo hará hasta la misma calle Uría.
Por lo tanto, sin dejar de mirar euro a euro, de que los plazos se cumplan y de que se vaya habilitando presupuesto, no siempre lo más barato es lo mejor para una infraestructura pública de estas características, incluso en tiempo de coronavirus. Hay otros factores a tener en cuenta. También la viabilidad del servicio y el beneficio para los usuarios.
Y a propósito de plazos, la primera edil gijonesa fija el inicio de la obra en Moreda a finales de mandato o a principios del siguiente, en el año 2023, en el caso de que la antigua tramitación tenga validez. El cronograma ministerial del acuerdo junto al museo establecía que el arranque de la construcción estaba previsto para el primer trimestre del próximo año después de una última revisión. Es decir, nos ponemos ya, sin mover una piedra, en más de dos años de retraso.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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