Cuando aún desconocemos la duración que tendrá la supuesta normalidad que estrenamos hoy, nos enfrentamos a una complicadísima tarea, la de la reconstrucción económica y social del país, con unas cuentas públicas destrozadas. La crisis ha pulverizado todos los presupuestos. En tres meses, las administraciones han tenido que gastar lo que no estaba en los escritos para afrontar la emergencia de la pandemia provocando un agujero en las arcas tan mayúsculo como repentino. El Gobierno central recibirá 140.000 millones de euros de la Unión Europea para costear las medidas que permitieron salvar vidas y empleos y empezar a colocar los ladrillos de la recuperación. Todavía no se saben las condiciones de tamaña inyección, si seremos capaces de esquivar el ataque de los halcones, pero la velocidad de la reactivación dependerá del aprovechamiento que se haga de semejante cantidad de fondos. El Principado será destinatario de 280 millones procedentes del reparto estatal que Madrid ha dispuesto para compensar a las autonomías. La cifra no parece cubrir el ingente gasto que llegará a generar el maldito coronavirus y habrá que ver si las presiones de aquellas comunidades empeñadas en ganar una carrera absurda no acabarán restándonos aún más dinero. A partir de ahí, la pregunta ahora es cómo rescatamos a los ayuntamientos. ¿De qué manera llegará el maná, si es que lo hay, también a las administraciones locales? No se sabe.
El consistorio gijonés, al igual que el resto de los municipios, ha estado en la primera línea de combate contra la COVID desde el principio. Ha sido brazo ejecutor de las decisiones del estado de alarma, veló por la seguridad sanitaria de la ciudadanía, contribuyó a paliar las consecuencias sociales de la crisis y desplegó un conjunto de medidas para aliviar la asfixia de la economía local. Se reforzaron los servicios a los más desfavorecidos, se habilitó la gratuidad del transporte público, se aplazó el pago de tasas e impuestos a los sectores que tuvieron que suspender su actividad por el confinamiento, etcétera. La pérdida de ingresos del Ayuntamiento en todo este tiempo alcanza los 15 millones de euros. El gasto se ha mutiplicado. El presupuesto para este año ha quedado totalmente destrozado por las urgencias derivadas de una guerra cuyos efectos se prolongarán en el tiempo porque todavía no ha finalizado.
Gijón ha sido de los primeros municipios donde el gobierno local firmó un pacto con empresarios y sindicatos para poner en marcha actuaciones encaminadas a la reactivación. Un plan de choque para dos años con 55 millones de euros en ayudas, que a partir de este mes se centrarán en la reapertura de los negocios, la recuperación del empleo y el impulso al turismo. Un esfuerzo con un coste altísimo para un momento en que la capacidad recaudatoria ha quedado asolada. Por lo tanto, a falta de una compensación que desahogue las finanzas municipales, la única herramienta a la que el Ayuntamiento puede tener alcance, al igual que la mayor parte de los concejos de este país, es la eliminación del yugo de la regla del gasto.
Resulta increíble que todas las fuerzas políticas, incluidas las que gobiernan en coalición, sean partidarias de la utilización del superávit municipal y, sin embargo, se mantenga retenida la decisión por la hacienda estatal. Ni en lo que están de acuerdo son capaces de ponerlo en práctica. Urge aumentar la presión para disponer de este colchón, no vaya a ser que en Madrid opten por usurpar todo este dinero y manejarlo desde allí bajo la excusa de la reconstrucción.
En el caso de esta ciudad, son más de 50 millones de euros inmovilizados sin destino en los bancos, mientras el descalabro financiero obliga a congelar la inversión. No se trata de que nos hagan un regalo, sino de rescatar un ahorro que corresponde a todos los gijoneses por apretarnos el cinturón en los años más difíciles de la última depresión. De lo contrario, a alguien se le podría ocurrir que la única alternativa sería revisar los impuestos a la ciudadanía para volver a equilibrar las cuentas y poder seguir avanzando. Entonces, mal reinicio tendríamos.