El Ayuntamiento de Madrid ha dado un ejemplo de unidad política en un país necesitado de abrazos para reforzarnos ante una nueva sacudida de la pandemia y emprender juntos la reconstrucción social y económica tras la devastación del coronavirus. El gobierno de la capital, con su alcalde a la cabeza, José Luis Martínez-Almeida, ha firmado un pacto excepcional con todos los partidos con representación consistorial, incluidos los que están más a la derecha y también los de la izquierda más extrema. Los ‘Acuerdos de la Villa’, como se ha bautizado el documento, recogen 352 medidas para sacar adelante una ciudad sacudida por la mayor crisis que hemos padecido desde la postguerra. Las actuaciones negociadas en cinco mesas durante un mes van desde el fortalecimiento de los servicios sociales hasta la transformación de la movilidad, con la ampliación de las peatonalizaciones y de los ciclocarriles en toda la zona urbana. Los mandamases de los grandes partidos a escala nacional, autonómica y local, deberían de tomar buena nota del pacto madrileño para dejar de practicar la política de ombligo y pensar más en el ciudadano. No puede ser que por la mañana apelen al consenso y por la tarde acaben insultándose y tirándose los trastos.
En Gijón, que es lo que más cerca nos toca, el gobierno local también tiene suscrito un pacto con patronal y sindicatos con un paquete de actuaciones encaminadas a la reactivación de la economía y del empleo. El acuerdo de concertación por dos años, lo que resta de 2020 y el que viene, está dotado con más de 50 millones de euros y condiciona, por lo tanto, una parte no menor de los presupuestos municipales sin que haya pasado previamente por el tamiz del resto de grupos políticos. La alcaldesa y su equipo, básicamente resumido en el concejal de IU Aurelio Martín, gobiernan la ciudad de forma rupturista entre otras razones por el camino expedito que les deja una oposición desfallecida y desarmada. Rompen con lo hecho en los últimos ocho años y aplican medidas con discrecionalidad que acaban encontrando su mayor contestación en el movimiento vecinal. La crisis sanitaria ha agudizado esta manera de llevar las riendas de la ciudad.
Sin embargo, no es esta una buena ruta para afrontar los grandes problemas que tenemos por delante, que pueden agravarse todavía más en el caso de que se produzca otro ataque a la salud como el que hemos padecido en estos terribles meses. Se necesita abrir espacios de entendimiento entre todas las fuerzas políticas para poder conseguir el consenso mas amplio posible sobre el proceso inmediato de revitalización que hay que acometer y el nuevo modelo de ciudad que irremediablemente hay que adoptar. Un proceso que no se puede hacer a las bravas, aunque la responsabilidad, no obstante, recae sobre todas las partes. Quienes gobiernan tienen que facilitar vías de encuentro entre los grupos que ocupan los escaños de enfrente, redoblando esfuerzos porque la situación lo requiere, y la oposición ejercer su papel de una manera más constructiva, que es absolutamente compatible con la firmeza.
Cuando todos los partidos al unísono reclaman la anulación de la regla de gasto, incluso desobedeciendo si cabe la norma para disponer del dinero inmovilizado por un empeño gubernamental torticero, no caben regates en corto como el que se ha producido esta semana en el momento en que se plantea la utilización de ese remanente.
Una demostración de ese cambio de talante tiene que producirse en la conformación de las cuentas del próximo año, que serán a buen seguro las más difíciles en mucho tiempo por las consecuencias derivadas de la coyuntura que estamos atravesando. Los políticos tienen que ser capaces de conveniar los contenidos y los recursos de los primeros presupuestos de la reconstrucción. Y la recesión social en la que entramos debe ocupar el mayor centro de atención de la acción municipal. El fuerte incremento del desempleo y el preocupante aumento de la pobreza, del que llevan advirtiendo las entidades que combaten a diario la desigualdad, va a exigir un esfuerzo adicional notable por parte del Ayuntamiento, incluso con los ingresos por los suelos, en aras a impedir el profundo deterioro colectivo al que nos vemos abocados. Qué mayor razón puede existir para que aquellos que fueron elegidos en las urnas alcancen un gran acuerdo.