Hasta mediados de este mes se encuentra expuesto a información pública el estudio de detalle del Plan Especial de Reforma Interior Piles-Sanatorio Marítimo, técnicamente denominado PERI 11-A, cuyo desarrollo supondrá la transformación urbanística de toda la zona de El Rinconín. Se trata, por lo tanto, de una pieza relevante de la fachada marítima de Gijón, el lugar más atractivo y bello para disfrutar de la estampa costera de la ciudad a ras del paseo, necesitada de cirugía como la mayor parte del frente del litoral al este y al oeste de la villa. La reforma prevista en el paraje elimina la circulación de vehículos desde el Mayán de Tierra para peatonalizarlo en su totalidad y dejar solo un carril destinado a bicicletas y patinetes. Esta modificación obliga a plantear un sistema totalmente distinto de accesos al Sanatorio Marítimo, a la urbanización de chalés y al edificio del Rick’s mediante nuevos viales y glorietas que en el papel no convence a los afectados. Si no se atina con la alternativa puede ocurrir que la operación, cuyas bases también recurridas ya estaban sentadas en el nuevo plan general de ordenación, entre en un proceso de judicialización que mantenga el estado actual durante años y paños. Sería una lástima que con la ‘playa verde’ sucediera lo mismo que con la Ería del Piles, donde el lío judicial con los vecinos y la quiebra de la promotora ha empantanado su transformación. Llevamos con el asunto bloqueado durante más de una década y media sin visos de solución a corto plazo. Mientras, la ciudad continúa ofreciendo en ese lugar una imagen decadente de la que nada podemos presumir.
En realidad, toda la fachada marítima requiere una renovación. En ese flanco, la participación privada es determinante para la intervención, donde la función del Ayuntamiento se circunscribe a establecer las condiciones de la reforma. El resto depende, sin embargo, de una actuación directa de la administración local. La responsabilidad recae enteramente sobre ella. Incluso en el suelo que ha quedado liberado por el desmantelamiento del astillero de Naval Gijón. La limitación residencial resta aliciente para la inversión. Por lo tanto, a falta de incentivos, lo conveniente es que este espacio cayera en manos municipales con el fin de promover su desarrollo combinando su uso como emplazamiento de economía azul con instalaciones para el ocio y disfrute de los ciudadanos.
De todas formas, a la hora de establecer prioridades, lo más inmediato ahora mismo es la rehabilitación de los dos paseos marítimos urbanos. La remodelación en la zona de Fomento quedará supuestamente encauzada a partir del concurso de ideas anunciado por el Ayuntamiento. En el Muro, la comisión de trabajo propuesta por la alcaldía al Consejo Social para definir las líneas maestras de la reforma tiene fijado un plazo de tres meses para presentar el boceto con las directrices que tendrá que tener en cuenta el consiguiente proyecto. Sin embargo, el gobierno local ya ha advertido que ambas obras, la de Rodríguez Sampedro y la de Rufo Rendueles, será difícil que se puedan ejecutar en el presente mandato. No hay recursos para afrontarlo todo.
«Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante», dice Mafalda en una de sus célebres reflexiones, recordada en estos días de tributo a ‘Quino’. La puñetera pandemia devora tiempo y dinero, además de dejarnos, por razones de urgencia, un paseo del Muro pintarrajeado e impropio para una ciudad como esta. Lo transitorio va para largo. A no ser que el inquilinato de la plaza Mayor sea capaz de aprovechar esa ventana de oportunidad que se abre con los fondos de reconstrucción para incluir, también de manera urgente, la actuación del paseo en los programas de inversión. Argumentos hay de sobra para conseguir esa financiación: Renovación urbana para una movilidad sostenible, que es uno de los grandes objetivos que plantea la UE como condición.
Antaño hubo alcaldes a los que no se les escapaba un duro de Europa para transformar Gijón. En Poniente tenemos el ejemplo. Si espabilamos todavía podemos llegar a la hora.