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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Menos en Gijón, más en Oviedo

Uno sentía la necesidad de sumergerse en unas cuentas cercanas después de que quienes mandan en el Ayuntamiento de Gijón decidieran sorpresivamente la prórroga presupuestaria. Una renuncia, la del gobierno PSOE-IU, técnicamente razonada por el desbarajuste que acarrea la pandemia, aunque dudosamente razonable desde el punto de vista de actuación política. Así que poco se pueden escudriñar unas partidas que se aplazan y, por lo tanto, ya conocidas, salvo los efectos que se vayan produciendo y las adaptaciones que los regentes vayan planteando conforme surjan los requerimientos de gasto en un año que se presenta complicado para todos, no solo para los gestores de la cosa pública. El primero de esos cambios es la constitución de las ayudas para darle continuidad con otro nombre y otra mecánica a la renta social. Unas tarjetas de compra en el comercio de barrio destinados a familias pobres que deberían de articularse mas allá de una medida extraordinaria y temporal.
Por contra, vamos a tener presupuestos regionales nuevos. El Principado ha iniciado su tramitación con los apoyos parlamentarios pergeñados para sacar adelante un proyecto que suma el importe más elevado de la historia de la autonomía. El crecimiento mayúsculo de la deuda y los esperados fondos de la UE cuadran unas cuentas marcadas por la espectacular caída de la recaudación. Conclusión, saldamos la mayor cifra nunca vista, más de 5.200 millones, pero a base de incrementar la hipoteca igualmente de manera ingente. Los presupuestos que el gobierno presenta como de la reactivación son, sobre todo, unos presupuestos para la resistencia social y el rescate. Casi 2.000 millones se los lleva sanidad; otros 1.300 son para educación y servicios sociales y el fondo para atender a los sectores afectados por la Covid está dotado inicialmente con 100 millones de euros. Posiblemente este último paquete se quede corto. El impacto de la pandemia seguirá secando recursos, pese a que en el papel se refleja otro hito en el capítulo inversor con la cantidad más aumentada de la década. En el apartado preliminar de previsiones macro, el escenario que pinta para 2021 no es demasiado halagüeño. Apenas recuperaremos la mitad del desplome económico y tampoco se creará empleo. Crucemos los dedos para que la evolución final sea mejor.
Si en las primeras cuentas estatales de Sánchez-Iglesias, la presencia de Gijón es prácticamente testimonial, en las regionales tampoco es para lanzar cohetes. La inversión en la ciudad es menor que la que ha conseguido Oviedo en cuantía total y, por ende, en proporción a sus habitantes. En la capital, el tiberio municipal tuvo recompensa. Después de que su alcalde alzara la voz, en plan victimista, acusando al ejecutivo de Barbón de marginar a los ovetenses en el borrador presupuestario, va su socio consistorial y logra arrancar dinero para los proyectos del primer edil a cambio del voto. No se sabe quién actuó en esto más inteligentemente. Si el regidor popular, al que le ha funcionado la idea del cerco después de que su partido renunciara a entrar en la cocina; si la formación naranja por el rédito que pueda sacar a la jugada, o el líder socialista al introducir un factor más de encelamiento entre dos coaligados que empiezan a mirarse cada vez con mayor desconfianza.
Lo cierto es que Oviedo no sale mal parado, mientras en Gijón, salvo el dinero para limpiar el Piles a recaudo del concejal medioambiental y la atención por fin prestada al vecindario de Nuevo Roces, el resto prácticamente son compromisos arrastrados. Los cinco millones para el agujero de la ZALIA o los 3,5 millones para el Hospital de Cabueñes representan ya el 60% del desembolso en obras de la Administración autónomica durante el año que viene en la ciudad. El gobierno local ha expresado su satisfacción por el cariz social e inversor de las cuentas asturianas. Mejor hubiera sido que no fuera tan fácil de contentar. No obstante, lo que va a importar a partir de ahora será su nivel de ejecución. De mano, lo que se destina a la esperada y prioritaria remodelación del hospital universitario solo da para entrar de puntillas.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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