La velocidad para recuperar el pulso que mantenía la economía antes de que estallara la crisis sanitaria va a depender especialmente de tres cuestiones: La evolución que vaya experimentando la pandemia con la aplicación de la vacuna, el apoyo y acompañamiento de las administraciones públicas a las actividades afectadas y un respaldo de verdad a la industria. La tercera ola ha empezado a atacar en Asturias. Tal como se esperaba, la propagación del virus vuelve de nuevo a coger fuerza, esta vez coincidiendo con la primera vuelta del proceso de vacunación a la población más vulnerable y expuesta, cuyo grado de eficacia real contra la enfermedad continúa siendo una incógnita.
Todo apunta a que los primeros meses del año no serán diferentes al periodo que hemos sufrido en la última embestida de la epidemia. Por lo tanto, es evidente que se mantengan las limitaciones sociales, sin descartar el regreso a un posible confinamiento, para frenar la expansión antes de que se produzca la saturación de los servicios hospitalarios. El frío de ‘Filomena’, incluso, incrementa el riesgo del colapso. Los efectos de las dosis de Pfizer, Moderna y las marcas que están por venir no se conocerán en tanto no se logre que más de la mitad de la ciudadanía quede supuestamente inmunizada. Los sectores sometidos a las duras restricciones impuestas por las autoridades seguirán padeciendo la tortura de las prohibiciones y cierres, pero para ello habrá que rediseñar los sistemas de ayudas que han venido recibiendo hasta ahora.
Si la fórmula de los ERTE para reducir la aniquilación de empleo ha supuesto una buena receta y su prolongación es incuestionable, los apoyos a empresarios y autónomos con la facturación desplomada han sido raquíticos, mal instrumentados y poco eficaces. La administración central y autónomica deberían de revisar el modelo de ayudas, ponerlas en común, coordinarse y echar un vistazo a lo que están haciendo otros países de la UE para atender el desastre económico en los colectivos más arrasados.
El Ayuntamiento de Gijón propone establecer una línea de descuentos para incentivar el consumo en comercios y hostelería colaborando de esa forma a la reactivación. La iniciativa, pendiente de desarrollar con los agentes sociales, junto con las exenciones fiscales de carácter temporal, es una buena manera de participar en la oxigenación de un tejido que requiere de cuidados intensivos. El pago de las ayudas directas deben recaer en el ámbito regional y nacional. El gobierno local no puede asumir lo que otras administraciones han sido incapaces de articular eficientemente frente a la destrucción. Ahora bien, urge conseguir mayor agilidad en las tramitaciones, incluyendo la resolución de las licencias urbanísticas, para no contribuir con sus lamentables tardanzas a aumentar la desesperación.
La industria es la gran arrinconada. El maltrato no es de ahora. Lleva años sufriendo la ausencia de una política claramente favorable a su protección como sector estratégico para la economía. Da igual que gobierne la derecha o que lo haga la izquierda. Mientras en otros lugares de Europa, que compiten en el mismo mercado, encuentra amparo incluso saltándose las directrices comunitarias, aquí nada más que recibe bofetadas. Lo que protegen nuestros socios, nosotros lo desprotegemos. El resultado del estatuto electrointensivo y la desmesurada tasa de residuos que prevé implantar la Administración son los últimos zurriagazos a la actividad. Las consecuencias que se derivan del tratamiento que recibe la siderurgia en la norma eléctrica solo se pueden corregir mediante un mecanismo de compensaciones que favorezcan una reducción de costes que no conseguirá directamente con la aplicación del penoso real decreto. La modernización de la acería vinculándola a energías renovables es una vía abierta a la financiación pública. La instalación gijonesa ha quedado obsoleta. Arcelor tiene un grave problema de competitividad en esa fase intermedia de fabricación que pone en riesgo la factoría entera. En la semana que arranca el sínter para afrontar un repunte de la producción esperanzador, el conflicto generado en aquel taller queda a expensas de solución tras el rechazo de los trabajadores al ajuste. Proceloso porvenir tendrá sin inversiones ni paz social.
En conclusión, difícil y largo trecho vamos a recorrer si confiamos el cambio de rumbo a los fondos de la UE cuyos proyectos tardarán muchos años en cuajar. Si queremos evitar una profunda depresión, hay que replantear la estrategia.