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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El parque del doctor González

En 1941, un concejal del ilustre Ayuntamiento, el doctor Avelino González, impulsaba definitivamente la creación del parque de Isabel la Católica, cuyo nombre fue propuesto por el propio edil, para solucionar el gravísimo problema ambiental generado por las ciénagas del Piles en su desembocadura. Un bando municipal daba luz verde a un complicado proceso de desecación con el vertido de los escombros procedentes de las obras en la ciudad. Allí están enterradas, por ejemplo, las ruinas de la antigua iglesia de San José. La Corporación, al mismo tiempo, encargaba el diseño del nuevo espacio verde a uno de los grandes paisajistas del momento, Ramón Ortíz Ferré, responsable entonces de los jardines de la Casa de Alba. Se tardaron casi tres décadas en eliminar aquellos terrenos pantanosos e ir dando forma al parque tal y como hoy lo conocemos, pero el resultado fue el magnífico patrimonio que tenemos en Gijón, frente al desaguisado urbanístico que paralelamente se acometió en la fachada del Muro por aquella misma época.
Esta semana, ochenta años después, la Empresa Municipal de Aguas inició las obras para hacer desaparecer la avenida de El Molinón con su integración en el parque, después de que el Gobierno local, nada más estrenarse, decidiera cerrarla al tráfico para siempre aprovechando la construcción del pozo de tormentas. Su transformación en una senda de Isabel la Católica, entre árboles y parterres, habría que considerarla como la primera actuación, vamos a considerar tangible, para abordar la recuperación de este bello rincón gijonés que ha sufrido un lamentable deterioro por el abandono municipal más absoluto. Da pena y dolor el estado al que tuvieron que llegar unos jardines que hace solo cinco años fueron incluidos en el inventario del patrimonio cultural de Asturias. Vergonzante imagen para la ciudad.
La Casa Consistorial está a la espera del proyecto para sanear los dos estanques, la comunicación entre ellos, el canal del Molín y los aliviaderos. Todo este sistema hidráulico, el legado inabordable que nos dejaron las marismas, forma parte esencial del ecosistema natural del parque, pero su insoportable degradación lo ha convertido por dejadez en dos charcas pestilentes e insalubres. ¿Qué diría el doctor González si hoy levantara la cabeza? La tarea no parece sencilla por el nivel de degeneración al que ha llegado ante una falta espantosa de mantenimiento y por ello dudo de que el parque pueda recuperar parte de su esplendor al menos de cara al verano. Además, pide a voces otras actuaciones, vamos a decir complementarias, para volver a mostrar con orgullo la gran riqueza que contiene: la renovación vegetal, la limpieza de las obras escultóricas, la rehabilitación de las construcciones, el adecentamiento de las pajareras, el cambio del mobiliario dañado y más de una mano de pintura.
Por otro lado, queda pendiente de decidir qué se hará en el parque de los Hermanos Castro cuando finalicen los trabajos del pozo de tormentas. Si será asfaltado para mantenerlo como cochera o recobrará la pradería y el arbolado del parque Inglés original. Aquí, la autoridad local tiene la oportunidad de corregir la aberración del pavimento que se cargó esta zona de esparcimiento, más aún cuando va a recibir otra tajada para abrir el nuevo vial de acceso al recinto ferial.
El deterioro de Isabel la Católica se enmarca también dentro del maltrato general de todo el entorno del Piles desde arriba de La Camocha hasta San Lorenzo. Era hora de que en el Ayuntamiento alguien se tomara en serio la necesidad de una regeneración ambiental del cauce y de la vera implicando al resto de las administraciones que en todos estos últimos años cuando oían hablar del Piles hacían mutis por el foro.
Ahora bien, la seriedad y la firmeza no está reñida con la sensibilidad y el diálogo. La eliminación del anillo navegable del Grupo Covadonga se ha convertido en el punto más conflictivo del plan que quiere llevar a cabo la autoridad municipal. La entidad deportiva ha presentado un estudio que propone salvar la instalación para la práctica del piragüismo basado, sobre todo, en la gestión eficaz de las compuertas que ha brillado por su ausencia desde hace años. En realidad, los problemas que acumula el río en todo su recorrido se derivan de esa carencia absoluta de atención. El gobierno local está a la espera del informe contratado a la Universidad de Oviedo para determinar el futuro del anillo. Las aportaciones de los expertos, de uno y otro lado, contribuyen a dar luz a un debate que arrancó mal desde el maximalismo. Antes de hablar de cierre, hay que ver si es posible otra solución.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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