El callejero de Gijón, como el de la mayor parte de las ciudades de este país, está repleto de referencias absurdas que se fueron colocando en función de las tendencias fijadas en cada época. El nomenclátor es una mezcla de exaltación a personas, acontecimientos, fechas históricas, valores, sentimientos religiosos, lugares, accidentes geográficos, fenómenos de la naturaleza, de la botánica o de la actividad fabril y económica que fue respondiendo a los movimientos ideológicos, inquietudes, añoranzas, veleidades y ocurrencias de cada momento. De esta forma, se ha ido convirtiendo en una especie de ser vivo, sometido a mutaciones de la misma manera que lo va haciendo el poder y la sociedad, sacrificando incluso las huellas de la historia. Se hizo antes y se sigue haciendo ahora.
En esa relación que se fue creando, con o sin merecimiento, exceso de generosidad y en ocasiones escasa imaginación, además de nombres de conquistadores, países, provincias, localidades asturianas, ríos, flores y plantas, figuran hombres y mujeres, eruditos, investigadores, profesionales, artistas, empresarios, militares, príncipes y reyes. También políticos de otras épocas. Y alcaldes en anteriores regímenes.
Transcurrido casi medio siglo desde la instauración de la democracia resulta justo que se ponga en valor los méritos de quienes gobernaron Gijón en los momentos más complicados de nuestra reciente historia con un recuerdo en las calles. No cabe pensar lo contrario en una ciudad que siempre ha mostrado con integridad su capacidad de agradecimiento.
Estos días, una plataforma ciudadana ha formalizado la petición de otorgar el nombre de Vicente Álvarez Areces al paseo de la playa de Poniente dos años después de su fallecimiento. La iniciativa ha recibido el respaldo del gobierno local y el cambio de denominación del paseo será decidido por la Autoridad Portuaria, que es el organismo titular de la zona. El Ayuntamiento además tiene en cartera dedicarle un espacio público a José Manuel Palacio, el primer alcalde de la democracia, igualmente merecedor de que su nombre quede grabado para siempre en una placa. Areces heredó la labor que desarrolló su antecesor en el Consistorio durante la etapa difícil de la transición, para agrandarla con creces de manera extraordinaria. Frente al argumento de los detractores que cuestionan la propuesta porque en su desempeño público ven «luces y sombras» es incuestionable la transformación que experimentó el municipio en sus doce años de mandato y a la que siguió contribuyendo con gran atención, antes sin precedentes e inimitable después, durante el tiempo que ejerció como presidente del Principado.
Areces fue el gran cirujano de Gijón. Labró la ciudad policéntrica mediante una intervención de caballo en las circunstancias más duras de la reconversión con su extraordinaria complicidad, capacidad de gestión y convencimiento. El paseo que llevará su nombre es una de las muestras de ese infatigable trabajo. El arrabal convertido en la playa de El Natahoyo para todos los vecinos.
El propio día de apertura oficial del paseo, el 3 de mayo de 1995, sirve de ejemplo de la arrolladora función que ejercía este servidor público excepcional. Areces sometió al ministro Borrell a una gira por las principales actuaciones que entonces tenía en marcha por toda la villa. Tras una visita al Club Santa Olaya, se trasladaron al Arbeyal, inauguraron Poniente, inspeccionaron la construcción de la Ronda Sur, recorrieron las obras de urbanización entre el Puente del Piles y El Rinconín, fueron de paseo por Begoña, en el rehabilitado Teatro Jovellanos saludaron a Alfredo Krauss, invitó al ministro a chocolate con churros en el Dindurra y luego se dirigieron a Cimavilla, al Museo de las Termas Romanas recién recuperadas. Tini sacó rédito de la estancia del responsable ministerial, como casi siempre hacía en su relación institucional, daba igual quién fuera su interlocutor. El titular de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente se llevó una carpeta repleta de peticiones y deberes. Entre ellos, el compromiso de financiación para ejecutar los enlaces de El Llano y de La Guía con la circunvalación que se estaba acometiendo.
La crónica del acto inaugural publicada en el periódico se hacía eco de la reivindicación de unos turistas de Ciudad Real que se dirigieron al ministro para ponerle de manifiesto que Asturias necesitaba un AVE. Borrell les sugirió que guardaran silencio para que no lo oyera Tini y acabara pidiéndolo también como alcalde.