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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El desiderátum de los fondos

Conforme sabemos más del asunto de los fondos europeos para la recuperación, se van rebajando las expectativas generadas sobre la lluvia de millones procedente de Bruselas, llamada a solventar, cual mágico remedio, la grave crisis a la que nos ha llevado la pandemia. El dinero que vendrá de la UE tiene como cometido una profunda transformación del modelo económico, de los hábitos y de nuestras vidas en muy corto plazo de tiempo a partir del ‘shock’ del coronavirus, pero a cambio de arrancarnos también unas cuantas plumas. Ya sabíamos que Europa nunca regala nada. Su obra no es altruista. Cobra por ello unas contraprestaciones que, en este caso, acabará pagando la ciudadanía mediante las tres reformas en ciernes a las que está abocado el país para satisfacer a los halcones envueltos en bandera azul: mayor flexibilidad laboral, incremento de los impuestos y endurecimiento de las jubilaciones. Los fondos nos cambiarán la vida, por supuesto, pero si alguien pensaba que con ellos alcanzaríamos el paraíso, craso error. Será distinta, pero no más fácil ni mejor.
La alcaldesa presentó esta semana las iniciativas sobre las que trabaja el Ayuntamiento para «transformar» Gijón con los recursos del ‘Next Generation’. A decir verdad, las ideas que maneja no tienen la pretensión de las que hemos ido conociendo de otras ciudades de igual o mayor tamaño una vez abierta la espita para entrar alocadamente en el reparto.
Se podría decir que el gobierno local ha ido por el libro, centrándose en intentar cumplir las bases de la carrera para poder afrontarla sin riesgo de descalificación. Cuestión distinta es la convocatoria en la que se pueda participar llegando a la salida con el proyecto bien labrado. La vista está puesta en la transición verde, las energías limpias, la innovación y la digitalización, en línea con la ruta fijada para beneficiarse del maná comunitario, controlado desde Moncloa sin delegación alguna.
Los partidos de la oposición ya hicieron algunas consideraciones previas a las propuestas que concurrirán en competencia con los ocho mil ayuntamientos de España. Así, los grupos políticos hablan de inconcreción, falta de ambición, escaso impacto en el tejido económico y en el empleo. En esas primeras impresiones llevan razón, en tanto que habrá que esperar a que se vayan definiendo más y mejor las ideas lanzadas desde el consistorio para poder valorarlas en detalle. Ahora lo que hay son manifestaciones de interés, es decir, lo que queremos hacer, y otras cosas del desiderátum municipal.
Con ellas se podrían hacer cuatro lotes. El primero, el del proyecto emblemático, quizás el más maduro dentro de esa inmadurez general y con dudas en cuanto a su viabilidad para una administración local. La planta de producción de hidrógeno por electrolisis y el uso de este combustible por toda la flota de vehículos de las empresas municipales es una iniciativa enmarcada en un llamativo rally por posicionarse en el negocio de la H, cuyos costes están aún lejos de desplazar otras opciones. Hace una década, antes de que estallara la gran depresión, se iba a llenar Asturias de plantas de ciclo combinado. Ahora, vamos a construir factorías de hidrógeno apoyadas por parques eólicos por todos los rincones, con el peligro de quedarse atrapado en el globo.
El segundo lote, el de las ecomanzanas, corredores verdes y zonas de bajas emisiones, vinculados directamente a la estrategia medioambiental y de movilidad emprendida por el consistorio gijonés desde el arranque del mandato, acelerada por la pandemia y que se resume en una persecución al coche. Los fondos imprimirán mayor rapidez a estas actuaciones, pero su ejecución no dependerá única y exclusivamente de lo que venga de Europa. La revolución es imparable.
El tercero tiene relación con el ahorro energético, la iluminación inteligente, el internet de las cosas y el mundo digital. La nueva modernidad en la que estamos inmersos de cabeza y que las administraciones no tienen más remedio que liderar sea con ayuda comunitaria o no. Y el cuarto paquete, el de los compromisos adquiridos, cuestiones no atendidas y asuntos pendientes: Las reformas de Roces y Cimavilla, los patios de La Camocha, el parque empresarial, Tabacalera, etcétera. Planes sin presupuesto sobre los que podrían caer algo, aunque sea la pedrea.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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