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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La sanidad en pospandemia

Un servidor, que aún da credibilidad a lo que nuestros representantes políticos sostienen en sede parlamentaria, no puede más que saludar el compromiso adquirido por el consejero de Salud en su última comparecencia en la Junta General del Principado. Dijo Pablo Fernández que la adjudicación de la primera fase de la reforma del Hospital de Cabueñes tendrá lugar en el último trimestre de este año, lo que no deja de ser una buena noticia si se cumple la previsión adelantada por el responsable de la política sanitaria asturiana, cuestión indudablemente deseada en esta ciudad después del retraso acumulado que lleva el proyecto.
Esta primera parte de la reforma, que en realidad se trata de hacer un nuevo hospital, consiste en la reconstrucción de las salas de urgencias, de las consultas externas y de los quirófanos, los bloques más sensibles del CAHU, como pasará a denominarse el futuro complejo. La actuación en Cabueñes, con una inversión en esta etapa de 54 millones de euros, va camino de convertirse en la obra pública de mayor dimensión que puede tener Gijón en este mandato, en este caso de la mano de la administración regional. Es impensable que arranque ninguna otra, visto el enredo en el que están cayendo otros proyectos y la capacidad demostrada para eternizar actuaciones provisionales. Así que no queda más que agarrarse a esta bandera, que marcará el antes y el después de la era pandémica en el sistema sanitario gijonés. El CAHU, ya lo comentamos en ocasiones anteriores, será el hito de la sanidad del siglo XXI. Una sanidad de mayor calidad, eficiente y avanzada.
Mientras se emprende esa ruta no se puede distraer esfuerzo alguno en la mejora del servicio al ciudadano. En esa tesitura se encuentran ahora los efectivos de salud, desde los gestores hasta el último sanitario, volcados de manera absolutamente ejemplar en la lucha contra el coronavirus sin descuidar la atención ordinaria. Un difícil equilibrio que sigue requiriendo una tarea extraordinaria.
La federación vecinal reclama la reapertura de los siete centros de salud cerrados por las tardes y la vuelta a las consultas presenciales a partir del 9 de mayo, coincidiendo con el fin del estado de alarma. Entiende que estas medidas aplicadas durante la pandemia llevaron a un deterioro de la atención a los usuarios y teme que la excepcionalidad con la que se adoptaron pase a ser definitiva. Los responsables sanitarios hablan, sin embargo, de establecer un nuevo modelo de atención primaria a partir de la experiencia que está dejando el coronavirus.
El primer ensayo de la reagrupación de las urgencias en los centros de salud de la ciudad se produjo hace diez años cuando se decidió cerrar durante los festivos, sábados y domingos los mismos puntos que ahora lo hacen también de tarde y noche por semana. El resultado, pese a las reticencias que entonces existían, es que se redujo la dedicación a casos banales, que ocupaban una buena parte de la agenda, y la atención urgente en el hospital no se incrementó como vaticinaban quienes se resistían a la medida.
El argumento para mantener la concentración es evitar el ‘síndrome del centro vacío’, como de manera gráfica explicó el consejero, que en el fondo no es más que aprovechar al máximo la escasez de recursos profesionales sin poner en riesgo la asistencia. La falta de médicos es un problema mayúsculo para la sanidad pública asturiana y, por ende, para la sociedad. Cualquier propuesta de modelo tiene que partir de ese alarmante déficit, que se puede aliviar con el despliegue de las nuevas tecnologías y el uso responsable por los ciudadanos de los dispositivos de atención.
Si de algo está sirviendo la pandemia es para acelerar la transformación de los servicios sanitarios mediante la digitalización. En un año se extendió la receta electrónica a la práctica totalidad de los usuarios. Se potenciaron las interconsultas entre primaria y especializada. El email y el teléfono se convirtieron en herramientas aliadas para comunicar a los pacientes los resultados de las pruebas. Y Gijón ha pasado a ser territorio piloto para la puesta en marcha del sistema ‘Ecap’, que permite el acceso a la historia clínica desde cualquier centro de la red sanitaria y favorecerá la implantación de la consulta telemática.
Llevan razón los vecinos que hay que recuperar la presencialidad, pero distinguiendo entre lo imprescindible y lo que no lo es.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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