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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La otra vida del puerto

La actividad de Natural Mining Resources en el puerto gijonés durante estos tres años tuvo dos efectos importantes a considerar, directamente vinculados con la llamativa expansión del negocio emprendido por la compañía. Primero, el impacto que su presencia generó en las cuentas de la Autoridad Portuaria y de los operadores con los que se relacionó hasta ahora. El notable incremento de los movimientos de mineral protagonizado por NMR ha pasado de ser una fuente de ingresos en el balance económico de El Musel a convertirse en un apunte rojo preocupante por los impagos de la empresa una vez inmersa en dificultades.
Segundo, el aumento de la presión medioambiental sobre el propio puerto como consecuencia del elevado trasiego de carbón en el Muelle Norte sin las condiciones oportunas para emprender estos trabajos. La frenética labor desarrollada por la empresa, apilando mineral procedente sobre todo de Rusia en las explanadas, lavándolo, cribándolo y mezclándolo entre sí o con cenizas, para luego cargarlo en barcos rumbo a térmicas, principalmente de Marruecos, incrementó la inquietud por los riesgos que estas tareas entrañan para el entorno. La multiplicación de la manipulación carbonera en estos últimos años provocó no pocos quebraderos de cabeza en determinados despachos de la administración.
El Musel, por su posición como gran puerto granelero del país, sigue representando un enclave excepcional para este tipo de tráficos de corte internacional. Pero estas actividades, a veces demasiado perecederas, tienen que ser absolutamente respetuosas con el cuidado medioambiental. El puerto, por encomienda y en colaboración con el resto de instituciones públicas, está adoptando medidas para prevenir la contaminación, aunque debería extremar las exigencias a los concesionarios de los espacios con el objetivo de conseguir cero emisiones. Allí donde no existan garantías suficientes, quizás tendría que limitar más su utilización.
NMR ha entrado en un proceso concursal del que habrá que esperar cuál será su desenlace, mientras surgen otras iniciativas que también ponen su mira en El Musel para aportar un poco más de vida al puerto. Una vida distinta, limpia y complementaria a la granelera.
La empresa SEA Eight anunció esta semana la instalación en la parcela de La Figal de una factoría de cría de lenguados que con el tiempo está previsto que sea el mayor complejo de Europa en la producción de esta especie. El proyecto en su conjunto supone una inversión de 73 millones de euros y la contratación de 145 trabajadores en el plazo de seis años. La fase inicial, la más inmediata, consiste en crear un primer módulo de engorde para producir 440 toneladas de peces al año, con un desembolso de 12,3 millones y 24 empleos. Sus promotores, de origen asturiano y con una contrastada experiencia en el sector, destacan la excelente localización logística del lugar para poner en marcha la planta de acuicultura con una avanzada tecnología e implicación con el ecosistema.
Otro proyecto, el de Preco. Un grupo industrial enmarcado en la economía circular que ha elegido El Musel como emplazamiento de su nueva fábrica de biocombustible a partir del tratamiento de residuos sólidos de plástico. Prevé destinar 74 millones de euros en la instalación, que dará empleo de forma directa a 70 personas y ocupación indirecta a otras trescientas.
Preco se ubicará en una parcela de 38.000 metros cuadrados al lado de la regasificadora, que superó todos los trámites administrativos para salir, por fin, de la hibernación. En menos de un año, Enagas podría disponer de los depósitos como almacén de gas en tanto madura la alianza con Naturgy para convertir el equipamiento industrial gijonés en un gran polo de exportación de hidrógeno verde a toda Europa.
Es decir, este tipo de iniciativas son ejemplo de que es posible otro Musel en el nuevo escenario económico abierto con la descarbonización, la transición energética y la sostenibilidad ambiental.
El puerto tiene que continuar siendo, como es obvio, punto de atraque de los mayores graneleros que surcan el arco atlántico. De ello seguimos recibiendo el oxígeno. Pero su crecimiento depende de la suma de todas estas aportaciones, grandes y pequeñas, que van generando un cúmulo de riqueza perenne en el tiempo y con un futuro prometedor.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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