Permítanme una pequeña recomendación para un momento que tengan de tiempo libre. Vayan a ver la singular exposición de la colección del Museo Casa Natal de Jovellanos en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. El recorrido creado por el artista Paco Cao es una gozada. Anárquico, transgresor, ordenadamente caótico y atrevido, pero divertido, sugerente y sobre todo muy enriquecedor para apreciar los grandes y pequeños tesoros que tiene esta ciudad sin espacio físico suficiente para enseñarlos. ‘El marco y su doble’ representa todas las etapas y disciplinas artísticas que integran los fondos museográficos de Gijón, envueltas en contextos digitales y juegos ópticos cargados de originalidad que hacen de la exposición una obra de arte en sí. La propuesta está enmarcada por la celebración de los cincuenta años del Museo, que incluye otras citas a lo largo del periodo estival como las muestras monográficas dedicadas al irrepetible escultor José María Navascués y al gran pintor gijonés Ventura Álvarez Sala.
El hito de los cincuenta años tendrá lugar en agosto, con la generosa cesión por el Museo de Bellas Artes de Asturias del retrato de Gaspar Melchor de Jovellanos con el arenal de San Lorenzo al fondo. Uno de esos óleos de Francisco de Goya que jamás tendría que haber salido de Gijón y que cuando fue rescatado para su disfrute público debería de haber vuelto al lugar de donde procedía, una de las estancias de la mansión del prócer en Cimavilla. De la misma manera que hace dos años, por la misma fecha, la Casa Natal tuvo expuesto el cuadro propiedad del Prado sobre el ilustrado pensante, realizado cuando era ministro de Gracia y Justicia y había caído en desgracia por sus reformas, los gijoneses y visitantes podremos contemplar de cerca temporalmente la obra goyesca colgada en Oviedo. Una ausencia, por cierto, perfectamente representada en el lienzo de Ricardo Mojardín de 1998 que también se puede ver en la sala del CCAI.
Quién sabe si algún día, cuando tengamos reordenados los espacios museísticos de la ciudad, una vez acabada la eterna obra de Tabacalera, se puedan recuperar algunas de las valiosas piezas artísticas que antaño estaban en Gijón, aunque sea mediante operaciones de préstamo. Claro que estamos hablando a largo plazo, porque habrá que aguardar bastante tiempo para la reordenación mencionada, no por falta de ideas, sino por falta de dinero para transformar la antigua fábrica de cigarros en el centro artístico-cultural que se pretende. Lo tienen más fácil en la capital, donde el Museo de Bellas Artes, indudablemente de todos los asturianos, acaba de recibir un regalo ministerial de casi seis millones de euros para el proyecto de ampliación.
Esta inyección, a todas luces incuestionable, va con cargo al presupuesto que el Gobierno central dedica a promover el Camino de Santiago con motivo del Año Xacobeo. El acontecimiento está siendo excesivamente patrimonializado por Oviedo cuando la senda discurre de uno a otro confín de Asturias por el interior y por la costa, incluido este municipio, tan necesitado de recursos para sus equipamientos culturales como los de la metrópoli de San Salvador. En realidad, el que se salva con el maná ministerial para el recinto museístico es el Principado, financiador principal junto al ayuntamiento ovetense y corresponsable del proyecto para hacer crecer el edificio. El Gobierno autonómico tendría que tener la misma responsabilidad con Laboral Centro de Arte y Creación Industrial, una infraestructura que forma parte igualmente de la red museística regional, pero descabezada y abandonada a su suerte, sin rumbo claro. Quizás no sea cuestión de discriminación, sino de gustos, pese a que lo de ‘creación industrial’ a alguien en el ministerio turístico le podría sonar.
Por otro lado, llama la atención que en la publicación de mano elaborada por Divertia con la programación de verano no venga incluida la oferta de este centro dentro del apartado de museos y exposiciones. Si no se promociona desde todos los ámbitos difícilmente se puede exigir luego que se rescate. Otra cosa es que se considere que durante el periodo estival no tenga actividades que puedan ser interesantes, aunque la razón sea que no es de titularidad plenamente municipal. Por ello tampoco figura el Museo Barjola, dependientemente asímismo de la Consejería de Cultura, ni el Evaristo Valle, sostenido por el mecenazgo privado y tan necesitado de apoyo público. Para que luego se diga que la colaboración público-privada es vital.