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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El termómetro ferial

El regreso de la Feria a la programación estival supone un espaldarazo emocional. La apreciación no es mía, sino la de sus organizadores, pero se comparte plenamente por la relevancia que tiene para testear el momento económico y social de Gijón y Asturias desde su recuperación en 1963 por Luis Adaro Ruiz-Falcó. Desde entonces, el certamen se vino celebrando sin interrupción hasta el año pasado –con anterioridad, la original que arrancó en 1924 solo se pudo celebrar hasta 1931–, por las consecuencias devastadoras de la pandemia. Las alternativas presentadas entonces por la entidad cameral para abrir el recinto no obtuvieron el apoyo de la autoridad gubernamental pese a que las medidas de seguridad para proteger la salud eran más rigurosas que las que se fueron observando luego en eventos y mercados. Era impensable, sin embargo, que este año, aún con la variante india multiplicando los contagios en pleno proceso de inmunización general, se adoptara una decisión contraria a su celebración con las restricciones debidas. Aunque la incertidumbre pesa como una losa, volver a recorrer las calles y los pabellones de la Feria de Muestras es adentrarse en un espacio de vitalidad, optimismo y esperanza. Resulta más necesario que nunca compartir esa experiencia con los expositores.
El certamen es un termómetro de primera magnitud para medir el estado de ánimo. La sesenta y cuatro edición ferial tiene lugar cuando empezamos a atisbar señales de que la economía se está recuperando, pero no de manera tan rápida como fue la súbita caída generada por la batalla sin cuartel contra el coronavirus. Los últimos datos sobre la evolución de la actividad y del mercado laboral son alentadores. El aumento del PIB coge fuerza y se han logrado recuperar tres de cada cuatro empleos perdidos en un año de crisis sanitaria. La previsión más favorable es que en 2022 podríamos alcanzar el nivel económico que teníamos antes de que irrumpiera el maldito patógeno. Estamos remontando vuelo, pero debemos extremar la prudencia en el despegue. Realizar los movimientos con suma cautela para compaginar la ascensión con la adversidad de convivir con el virus y sus mutaciones. De lo contrario, corremos el riesgo de convertir la creencia en la supuesta levedad del mal en el espejismo del sediento.
La recuperación vendrá acompañada de los fondos europeos destinados a la transición energética y a la digitalización. De su gestión dependerá el éxito de la mayor transformación económica del siglo. Un cambio que provocará no pocas tensiones en un escenario lleno de desequilibrios agudizados por la pandemia. El certamen se presenta como un punto de inflexión para la reactivación. El deseo es incuestionable, pero difícilmente se podrá hablar de una justa recuperación mientras no se resuelvan problemas tan cruciales como el empleo de los jóvenes, la desigualdad social o las diferencias territoriales. No hubo referencias a estos tres asuntos en los discursos inaugurales de las autoridades.
Existe otro test que la celebración de la Feria permite realizar de trascendencia local. Se trata del comportamiento de la movilidad. Es el primer certamen que tiene lugar después de las modificaciones introducidas por el Ayuntamiento con el cierre del Muro a la circulación de vehículos, la apertura para uso exclusivamente peatonal de la avenida de El Molinón y el doble sentido de Doctor Fleming, con la consiguiente eliminación de estacionamientos. En la situación de ‘seminormalidad’ en la que nos encontramos, la afluencia al recinto ferial volverá a coincidir con las corridas de toros en El Bibio y el arranque de la Liga el próximo fin de semana. Veremos el impacto que tiene la reordenación municipal en la tradicional aglomeración agosteña y que conclusiones se sacarán a partir de la experiencia, teniendo en cuenta el formato reducido de la Semana Grande y que no habrá cita con la Noche de los Fuegos. Es decir, lo que ocurra habría que multiplicarlo por dos para una mayor aproximación a lo que es Gijón en estas fechas. El resultado indudablemente contribuirá a la discusión sobre la reforma de Rufo Rendueles, Torcuato Fernández Miranda, del entorno del estadio y del Palacio de los Deportes. Una prueba, además, que viene precedida por los informes del Colegio de Arquitectos aportando sensatez al debate cuando determinan la sobredimensión del ‘cascayu’ y recuerdan el carácter estratégico que tiene ese singular área de la ciudad para la coexistencia del coche como emplazamiento dotacional, residencial y de esparcimiento.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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