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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Hacia el campus de FP

Hace casi una década la Asociación de Antiguos Alumnos de la Universidad Laboral me regaló un pequeño libro que bajo el subtítulo ‘educación impartida, educación compartida’, recogía una serie de reflexiones de un grupo de docentes del centro acerca del devenir de la formación profesional. En poco más de cien páginas se ponía en valor el proyecto educativo desarrollado en la institución desde sus inicios en 1955 para abogar por darle un giro al sistema de la FP en este país mediante una actualización, desde la experiencia adquirida, de aquel modelo que con tanto éxito se había puesto en práctica en la Laboral.
El trabajo huía de las controversias políticas. Era un repaso enriquecedor de la labor educativa desplegada en el monumental edificio gijonés y de su evolución conforme fue cambiando la formación profesional en España, más allá de las cuitas paranoicas sobre el continente como hemos sido testigos en esta ciudad en el estreno de la corporación municipal vigente. De este ideario que, de alguna manera, podría ser perfectamente fuente de inspiración para la nueva FP, se podían extraer dos conclusiones. La primera, la necesidad de recuperar la dinámica innovadora emprendida en los años setenta mediante una relación más estrecha con las necesidades empresariales y un intenso proceso de formación del profesorado. Y la segunda, la transformación de la Universidad Laboral en un gran campus de la FP en Asturias, aprovechando todo el conocimiento que alberga en su interior y en el ecosistema que conforma el entorno que le rodea.
La Laboral, esta semana, se ha reencontrado con la historia. El escenario elegido por el presidente del Gobierno para presentar la reforma de la Formación Profesional no ha podido ser más acertado por distintas razones. La principal, porque la ley que se ha comenzado a tramitar, en líneas generales, supone el cambio esperado para consolidar un único sistema de FP, integrar totalmente su oferta, adaptarla constantemente al mercado de trabajo y conectarla con la empresa y la universidad. La totalidad de la formación será dual, es decir, todos los estudiantes tendrán contratos de prácticas y el sistema de acreditación de competencias será mejorado para que los trabajadores con experiencia puedan acceder más fácilmente a la titulación.
El presidente habló en Gijón de «dignificar» la FP. En realidad, se trata de rescatar un modelo de enseñanza que en otros tiempos tan buenos resultados ofreció en la preparación de profesionales durante la industrialización. En la Laboral, en la Fundación Revillagigedo y en la antigua Escuela de Maestría Industrial, después Instituto Politécnico, encontramos los ejemplos. La nueva ordenación está llamada a ser una herramienta para paliar el alto desempleo juvenil que registramos en este país, con Asturias a la cabeza de Europa. Solo por ello se justifica el mayor de los apoyos, aunque tendría que venir acompañada de un buen programa de incentivos para los empleadores, en definitiva a las empresas, para conseguir que con su implicación ningún joven esté en la cola del paro por falta de oportunidades.
Enumero otra razón destacada de la acertada visita presidencial. El respaldo al Centro de Innovación de FP que el Gobierno asturiano está poniendo en marcha en una de las naves de los antiguos talleres de la Laboral. Una iniciativa que responde a aquellas inquietudes expresadas por el colectivo de docentes y que abre un espacio al trasvase de conocimientos entre el profesorado y la empresa para mejorar las destrezas del alumnado. El centro estará especializado en la digitalización y en la industria 4.0, que son los dos campos a los que mayor atención se debe prestar en el mundo de la formación para afrontar la revolución tecnológica en la que estamos inmersos. El proyecto convierte a la institución académica gijonesa en actora protagonista de la modernización que persigue la reforma y abre el camino a esa configuración de campus de las enseñanzas profesionales.
Y por último, la presencia del primer mandatario socialista en la Universidad Laboral cobra también una especial relevancia política de carácter local. Después del empeño de someter al complejo arquitectónico a un proceso de resignificación por «el origen maldito» del descomunal edificio, Pedro Sánchez vino a reconocer el verdadero significado de la majestuosa obra. Por ello Gijón merece que reciba el título de la Unesco como patrimonio de la humanidad.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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