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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Más allá de la palabrería

Estos días de atrás se constituyeron los nuevos plenarios de las cámaras de Comercio de Gijón y Oviedo mediante la celebración de sus respectivos actos con boatos diferentes. En Gijón primó la discreción del circunspecto Félix Baragaño, bajo la atención del consejero de Industria y de las máximas representaciones municipales en el territorio que abarca la entidad cameral. Así como el no quiere la cosa, Baragaño se ha convertido en el presidente más veterano en el puesto de los tres que hay en Asturias. Estrena su tercer mandato con cuatro años por delante cruciales en el empuje que necesita el empresariado para afrontar la revolución verde y tecnológica sin perder plumas por el camino, es decir, haciendo crecer la economía y seguir creando riqueza y puestos de trabajo. Complicada tarea la de las empresas si la transformación que tienen que acometer, de manera tan vertiginosa como están fijando las autoridades, sigue sin estar acompañada de un marco favorable, energético, fiscal y financiero, para transitar por ella sin poner en riesgo su supervivencia. Además, en este mandato que se abre, la dirección cameral gijonesa tiene como tarea añadida la remodelación integral del recinto de la Feria de Muestras, con un toque de atención a las instituciones que forman parte del consorcio, pues la modernización de los espacios y el nuevo vial no admite demora.
Decíamos que la pompa en la toma de posesión presidencial fue notablemente diferente en Oviedo, como distinta igualmente fue la alocución. En la cámara capitalina participó el presidente del Principado para arropar a Carlos Paniceres, del que el propio Adrián Barbón destacó su don de la ubicuidad. Pues bien, Paniceres, alzado en portavoz de las asturcámaras, propuso un plan que no solo atañe a su demarcación para generar 50.000 empleos de aquí a diez años, incrementando el PIB un diez por ciento. Si se crean 50.000 trabajos sin destruir ninguno quiere decir que al cabo de esa década en Asturias tendríamos plena ocupación. Hay otra manera de lograr este objetivo, más dramática desde luego que la que apunta el sagaz empresario. Se trata de continuar con la política del avestruz, obligando a los jóvenes a abandonar su tierra por falta de oportunidades, salvo aquellas que se generen a través de la economía de plata, los servicios de cuidado y bienestar para padres y abuelos. Así también se puede reducir el paro registrado pero acabaríamos siendo una comunidad inviable.
Como la condición esencial del optimismo es mantener la confianza, más allá del papel y de la palabrería hay dos acontecimientos que serán los pilares del desarrollo de Asturias con Gijón como protagonista, abriendo una era de crecimiento a poco que se cumplan las expectativas.
La llegada del AVE en menos de un año es el primer hito, para el que tenemos que estar preparados con el fin de rentabilizar las posibilidades que ofrece la comunicación rápida con el centro del país. Es decir, que venga gente y que deje dinero. El efecto más inmediato sería la desestacionalización turística, pero también habrá que trabajar para que el transporte de mercancías pueda aprovechar al máximo y cuanto antes la alta velocidad.
Y el segundo elemento, que va tomando forma para acabar convirtiéndose en realidad, es la transformación total de Arcelor en una siderurgia verde con el mayor programa de inversiones jamás previsto en Asturias. El acuerdo firmado este miércoles en Davos ratificando el plan de Gijón y dejando la puerta abierta para extender la reconversión medioambiental a Avilés supone una inyección de adrenalina para una región necesitada de estímulos ante los durísimos golpes propinados a la industria.
La operación conlleva mucho más de los mil millones que destinará la multinacional siderúrgica a la descarbonización, pues supone la punta de lanza de la creación de un ecosistema reindustrializador en todo el entorno, incluido El Musel y la ZALIA. La zona logística está llamada a albergar actividades vinculadas al proceso, una de ellas la gigafactoría de electrolizadores, pieza fundamental de la cadena para el cambio de paradigma productivo que se está fraguando.
Falta mucho por coser para el revolcón que Arcelor plantea acometer en la fabricación de acero mediante un uso intensivo del hidrógeno obtenido a partir de energías renovables: cuestiones de empleo, producción e infraestructuras.
Mientras se van concretando, las autoridades competentes deberían de casar sus plazos con los que requiere la compañía para liberar la financiación necesaria e ir desarrollando la tecnología, sin la presión que ahora se está ejerciendo con los precios de la electricidad y el final de los derechos de emisión anunciado por la UE. El Gobierno tiene mucha tarea por hacer ante sus socios europeos para evitar que esta transición en marcha se produzca en el tiempo más rápido posible, sin asfixias ni sobresaltos.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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