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Ángel M. González

Viento de Nordeste

A la señora Ribera

Estimada señora Ribera: Esta es la segunda carta que le escribo desde que es ministra. La primera fue en junio del año pasado, poco después de que tomara posesión como titular de su cartera ministerial. Aquellas líneas no tenían otro objetivo que mostrar la preocupación generada en este rincón del Norte por la transformación súbita que comenzaba usted a esbozar de la política energética en España como espadachina del ecologismo europeo y, si me apura, mundial. Transcurrido el tiempo, la inquietud de entonces ha ido en aumento, hasta el punto de que podemos llegar a pensar que los planes de aniquilamiento que su ministerio prepara pueden convertir a Asturias en un lugar de cazadores con taparrabos. Desconozco si es esa la visión del paraíso que usted quiere para esta región después de escucharle decir que «el único riesgo de desertización para Asturias es el cambio climático». Desconocía su faceta de vidente, la capacidad de ver a través de una bola de cristal el regreso a la era de los dinosaurios, cuando poblaban la costa asturiana. Pero entiendo que si el cambio climático es un problema planetario nos acabará destruyendo igualmente por mucho que cerremos Aboño y sigamos agujereando la capa de ozono desde Shandong.
Le decía en junio que el presidente Pedro Sánchez le había encargado la cartera más revolucionaria y el discurrir de los meses me está dando la razón porque solo con su discurso, sin hacer mucho más, ha trastocado la marcha de la economía introduciendo incertidumbre donde tiene que existir certeza, oscuridad donde se necesita luz.
Sabemos, por lo que ha ido adelantando, la misión del Plan Integral de Energía y Clima que su Ministerio tendrá que presentar en Bruselas posiblemente este mismo mes. En lo que nos toca, además del fin de los carburantes para los coches y el despliegue del vehículo eléctrico, el proyecto plantea la desaparición de todas las centrales térmicas en un plazo de apenas doce años. Es decir, quiere desmantelar una parte sustancial del sector industrial asturiano de un plumazo a cambio de parques eólicos y solares atendidos prácticamente con mando a distancia. Conocemos la descarbonización que defiende y la velocidad que le quiere imprimir, pero no tenemos ni idea de cómo se va afrontar la reconversión, de qué manera se paliarán sus efectos, cuál es la justicia que se impartirá con la «transición justa» que propugna.
Sobre reestructuraciones tenemos una amplísima experiencia. De planes de choque, lo mismo. Llevamos desde los ochenta en trance y el resultado, en definitiva, ha sido una caída demográfica sin freno a la vez que la industria ha ido perdiendo peso en la economía regional.
Hace unos días, Franz Timberland, vicepresidente de la Comisión Europea y candidato socialista a la Presidencia de la UE, proponía la creación de un fondo comunitario para facilitar el cambio de modelo energético. Usted misma, en sus intervenciones, habla también de un programa para dinamizar los territorios afectados, pero seguimos ignorando su contenido. Desconocemos la hoja de ruta que acompañará al achatarramiento de las centrales, algunas de las cuales empezarán a caer ya el próximo año. No sabemos qué medidas de contingencia prevé poner en marcha su gobierno, junto con la UE, para evitar la pérdida de empleo, el desmoronamiento de la actividad, el desplome de los tráficos en El Musel, el aumento del coste de la energía, la pérdida de riqueza… En fin, el riesgo de convertir esto en un erial. No basta con señalar que la descarbonización abre nuevas oportunidades, sobre todo a quienes estén posicionados en el negocio de las energías limpias. Eso es de cajón. Díganos qué van a hacer desde las instituciones para que esas ocasiones, si realmente se producen, puedan ser ampliamente aprovechadas para impedir otra década negra de la economía regional. De lo contrario, entienda usted, señora ministra, que mantengamos la resistencia. La misma que emplea su presidente, ahora también en manual.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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