Sobre Carmen Moriyón como cabeza de lista de Foro en las próximas elecciones autonómicas hay un hecho incuestionable. Es la única aspirante regional que lleva en su equipaje ocho años de gestión al frente de una administración pública con peso en Asturias. El resto han ocupado, de una manera u otra, cargos públicos relevantes, pero ninguno de la envergadura política de la presidencia forista. La experiencia puede ser buena o mala a la hora de enjuiciar al candidato. Depende de la valoración que el elector haga del debe y del haber del mandato, pero existe un punto de partida diferente a la ideología que se agrega al conjunto de factores y criterios que determinan el sentido de la papeleta. La labor de Moriyón en el mayor ayuntamiento de esta comunidad es conocida. “Ha sido como gestionar una gran compañía”, dijo este viernes en el acto celebrado en el Club de Regatas para realizar su balance como alcaldesa.
La líder forista tuvo la habilidad de gobernar Gijón en minoría en los peores momentos de la crisis, entre corsés presupuestarios, decrecimiento y una elevada presión social por la gran depresión y los recortes. Una habilidad auxiliada por las circunstancias de la izquierda, que en pleno cainismo fue incapaz de pactar la mayoría válida para tomar las riendas y recuperar una hegemonía de treinta años quebrada por la aparición de la doctora. Moriyón desplegó una política cruzada bajo la amenaza permanente del revolcón haciendo partícipe del juego a las fuerzas situadas más a la siniestra del PSOE. La dirigente de Foro no tenía otra opción que ir anotando acuerdos con unos y otros, incluso renunciando a alguna de sus premisas, para poder mantener el bastón. A ello se llamó consenso en favor de las necesidades y el progreso de la ciudad. Es curiosa la coincidencia, pero la derecha gobernó en Asturias y en Gijón por los fratricidios de la izquierda.
La receta de la transversalidad practicada en esta ciudad, sin embargo, no es exportable ya al ámbito autonómico. La idea resulta difícil de sustentar. El pacto está en la foto de quienes se subieron al escenario de la plaza de Colón. La bipolarización que está viviendo la política española, donde todo es blanco o negro, donde no existe el gris porque se está renunciando al lugar en el que es posible la mezcla, hace impensable la búsqueda de encuentros al otro lado de la raya.
Moriyón, en ese sentido, no tiene más remedio que recomponer el fuero del partido que dirige en una derecha cuadricefálica cada vez más ancha, incluyendo a esa formación llamada Vox surgida como una filial del PP para atender los sentimientos más extremistas.
Postdata: La decisión unánime de la Corporación de conceder el título de hijo adoptivo de la villa a Tini Areces es totalmente acertada. De todas formas, el vacío que dejó el político socialista hace hoy justo un mes no se cubre solo con la incorporación de su nombre en el cuadro de honores del Ilustrísimo Ayuntamiento. El recuerdo a su figura tiene que impregnar algún espacio destacado de la ciudad de la misma manera que se ha ido a haciendo con los prohombres de la historia local. Enhorabuena también al Hospital de Cabueñes por la Medalla de Oro a sus cincuenta años. Sobran razones para su merecimiento. Y felicitaciones para quienes han sido colmados con las medallas de plata, aunque no se comparta esa manera de repartir las distinciones en función de las afinidades y afectos porque se corre el riesgo de caer en la superficialidad.