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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La sentencia del anillo

La construcción del anillo navegable del Piles en 2003 fue una actuación incluida en la gran transformación acometida en las riberas del río por el Ayuntamiento y la Confederación Hidrográfica para la regeneración ambiental y su aprovechamiento ciudadano. Aquel plan permitió recuperar el cauce con una limpieza a fondo desde La Guía hasta Vega-La Camocha, desarrollar el parque fluvial y ensanchar la desembocadura desde el ‘puentín’ para evitar las inundaciones. El Piles se convirtió en un lugar de disfrute, con espacios para el paseo peatonal y en bici, y el anillo pasó a ser una infraestructura deportiva pública más de cuantas existen en Gijón, como el ‘kilometrín’, la pista de atletismo de Las Mestas, el velódromo, el circuito de patinaje de Moreda, etcétera. El problema desde que se acometió aquel proceso de saneamiento es que no hemos vuelto a mirar para el río y las salvajadas que entonces se hacían por los vertidos aguas arriba y aguas abajo no se corrigieron en aquel momento y continuaron sin hacerlo hasta ahora.
El informe de la Concejalía de Medio Ambiente que ha dado lugar a la polémica sobre la eliminación del anillo navegable diagnostica con claridad meridiana los focos de contaminación que se han visto en las inspecciones del río. Resulta curioso que en la zona alta del Piles, la Confederación no haya detectado ninguna anomalía. Todas se refieren al tramo más urbano, donde las competencias y las responsabilidades recaen en la municipalidad. Pues bien, el Piles, en su parte baja, está lleno de coliformes. Y el origen de los enterecocos y de las e-coli se encuentra en las fugas de la red de saneamiento, en los alivios de instalaciones públicas y privadas ubicadas en su entorno y en un grupo de viviendas que vierten directamente al arroyo de La Pipa. Luego están las famosas cianobacterias que se producen entre la podredumbre de los estanques de Isabel la Católica y del canal del Molín, que acaban llegando también al río. Toda esa mezcla procedente de excrementos y putrefacción aparece en San Lorenzo en forma de natas o de cualquier otra cosa.
Las entidades que están provocando el derrame de fecales, incluida la propia EMA, tienen un plazo para acometer las consiguientes reformas que eviten la contaminación. Las lagunas del parque serán dragadas y el canal del Molín, además de recibir una limpieza a fondo, se conectará al drenaje del metrotrén para que corran las aguas por él.
Sobre el anillo navegable, la sentencia del Ayuntamiento es distinta. La conclusión es que el embalse ha pasado a ser un criadero de algas tóxicas y, por lo tanto, la única solución es su eliminación. Independientemente del daño que la medida provoca en la práctica del piragüismo y en la labor que el Grupo Covadonga está haciendo por este deporte, sorprende la radicalidad de la decisión. Sucede algo parecido con la determinación firme, de un día para otro, de suprimir la avenida de El Molinón para transformarla en una senda peatonal y ampliar el parque. Por orden de la autoridad, porque los estudios técnicos lo avalan y sin testar a quienes podrían verse afectados.
El maximalismo no es la mejor manera de ejercer la política. En el caso del anillo, quienes tienen la responsabilidad de gobierno decidieron emprender ese camino amparándose en que no existe otra alternativa más eficaz que la supresión, que es tanto como poner de manifiesto su incapacidad para aportar soluciones sin extremismos o la falta de voluntad de escuchar a los gobernados. El mayor argumento es que está en juego la salud pública. Pero también se puede velar por la salud pública si se mantiene saneado.

Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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