El Ayuntamiento tiene incluida en su cartera de actuaciones una reforma de los paseos del Muelle y de Fomento hasta la playa de Poniente aprovechando la modificación del carril bici que recorre Rodríguez Sampedro. El gobierno local prevé abrir un concurso de ideas para el diseño de toda la remodelación, que tendría que compatibilizar los intereses de quienes dan vida a toda la zona, vecinos, hosteleros y paseantes, sean a pie, en patines o en bicicleta. Es un lugar muy apropiado para que el coche tenga menos protagonismo del que ahora goza. La administración anterior había llegado a plantear la peatonalización de la calle de Claudio Alvargonzález desde la plaza del Marqués y los residentes, una versión ‘semi’ a lo largo de la vía entre los Jardines de la Reina y el inicio de la avenida de Juan Carlos I. Ambas posibilidades deberían de ser valoradas en las propuestas de cambio, de la misma manera que se tienen que incorporar los propios jardines, cuya renovación fue absurdamente paralizada por la descoordinación institucional.
La reforma del paseo de Fomento, por otro lado, podría ser el arranque de un proceso más ambicioso que tendría como meta completar lo que empezó hace más de veinticinco años el inolvidable alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces. Una buena forma de recordar su figura en el primer aniversario de su fallecimiento es recorriendo el litoral de la ciudad desde la Ñora hasta la punta que remata la playa de Poniente, para luego dar un salto al Arbeyal y seguir disfrutando del paseo.
La recuperación de la fachada marítima ha supuesto la mayor transformación que experimentó Gijón en medio siglo. Una tarea que llevó a cabo Tini y continuó Paz Felgueroso, con errores y aciertos en los dos casos, aunque quedara incompleta por el espacio industrial afortunadamente insalvable del litoral en El Natahoyo. La desaparición de la actividad en Naval Gijón abre ahora la oportunidad para continuar el proyecto impulsado por el gran político gijonés.
Para ello es decisiva una firme colaboración entre las instituciones que tienen competencias en el desarrollo de ese suelo, destinado a convertirse en el ‘distrito azul’ de la región, con la ubicación de empresas punteras vinculadas a la mar. Su atractivo como emplazamiento para la inversión privada, sin embargo, depende de dos condiciones pendientes todavía de resolver. La primera, la eliminación del cómputo de edificabilidad en la construcción bajo rasante que establece el nuevo plan urbanístico. La modificación ha sido planteada por el ejecutivo municipal para estos terrenos y para las parcelas del parque tecnológico en la Pecuaria y en Mina La Camocha ante la limitación de la capacidad de edificación que fija el PGO. La supresión de este punto contribuiría a aumentar el interés por el emplazamiento del Naval en la subasta que abrirá próximamente la autoridad portuaria. Y la segunda, el recurso presentado por la sociedad Pymar contra la catalogación final del resto del suelo del antiguo astillero bajo su propiedad. Será muy difícil su urbanización sin un aliciente para quienes tienen en sus manos la posibilidad de hacerlo. No tiene por qué haber especulación en una transición residencial debidamente ordenada. Por el contrario, mantener la norma como está condena el lugar al abandono.
La administración del puerto anunció a través de las páginas de este diario hace escasamente un mes su absoluta disposición a impulsar la transformación de la fachada marítima de la zona oeste de la ciudad. Para ello es fundamental la implicación de las compañías que mantienen su actividad fabril de cara a la mar. La desafección de los terrenos ocupados por Armón y Duro Felguera es una medida trascendental para liberar algún día esa superficie, con la vista puesta en El Musel como destino. De esa manera se podría concluir la faena iniciada en el noventa y cinco cuando Gijón inauguraba su nueva playa.