Hablar de infraestructuras ferroviarias en Asturias es hacerlo con desesperación. El retraso y el abandono en esta materia es uno de los factores que mayor desigualdad y discriminación territorial provoca, agravado además por el castigo sufrido con el mantenimiento del peaje de la autopista del Huerna y el déficit de las conexiones aéreas. La sempiterna obra de la variante de Pajares, dejando para otro día el desastre de cercanías, es la mayor expresión de los desatinos del tren en la región. La decena de plazos ofrecidos desde la Administración correspondiente, gobernara el PP o gobernara el PSOE, ha sido una sucesiva tomadura de pelo a todos los asturianos. Ahora nos enfrentamos al undécimo despropósito. Nadie en su sano juicio se puede creer que podamos circular a través de los macrotúneles a alta velocidad el próximo año. El simple cálculo del tiempo que resta para rematar los tubos, con la instalación del viario y de los sistemas de ventilación y de seguridad, más el periodo adicional de pruebas antes de su entrada en servicio comercial, lleva a pensar que el AVE no llegará a Lena hasta dentro de tres años. Han transcurrido diez desde que un líder político de este país aventurase que la obra estaría entonces finalizada. Con la variante los asturianos hemos padecido el engaño permanente. Ello sin entrar a valorar las razones de un sobrecoste que ha sido recientemente evaluado por el Tribunal de Cuentas en un informe con el que a políticos y gestores se les tendría que sonrojar la cara. En fin…
En esa línea de despropósitos, para no salirse de ella, hay otro que está a punto de cometerse si alguien antes no lo aclara. Dentro de unos días, el próximo 23 de febrero, expira el plazo para que el gobierno español presente en la Comisión Europea las propuestas de actuación susceptibles de financiación en la primera convocatoria del programa Conecta Europa. Que se sepa hasta ahora, el tramo para la remodelación de la línea ferroviaria desde Lena a Gijón no ha sido incluido en el paquete para recibir fondos, cuando la UE está dispuesta a cubrir hasta el 50% del coste. Podemos reengancharnos a próximas ediciones, pero seguiremos perdiendo el tiempo mientras en otras comunidades se mantiene el acelerador pisado para seguir construyendo un medio de transporte rápido, seguro y competitivo. La consecuencia es que nos vamos convirtiendo cada vez más en una autonomía de tercera división.
La prolongación de la alta velocidad hasta los puertos es la principal reivindicación ferroviaria de las comunidades septentrionales para conformar el Corredor del Atlántico. Aquí se han constituido alianzas y plataformas empresariales, con las cámaras, con los sindicatos y con las instituciones políticas, junto a Galicia y Castilla y León, para conseguir mediante la unión que el eje del Noroeste fuera incluido en la planificación de los grandes corredores europeos.
El gobierno, cuando solo tenía ojos para el desarrollo del Mediterráneo, adoptó también la bandera norteña con el fin de que fuera pintada en el mapa, pero de ahí, de momento, no ha pasado. Entretanto, los mayores recursos destinados al avance del ferrocarril en España para el transporte de mercancías y de viajeros tienen como destino el cuadrante este del país.
La mejora del trazado desde la terminal lenense una vez que los convoyes puedan circular por los nuevos túneles de Pajares es trascendental para garantizar la competitividad de El Musel. La instalación como mínimo del triple hilo en la línea y la reforma de la variante de Villabona se antoja irrenunciable para dar sentido a otros proyectos sobre los que descansa el futuro del puerto gijonés. La ZALIA y la recuperación de la autopista del mar, entre ellos. No estamos hablando de que los usuarios del AVE podamos ganar cinco minutos en el viaje a Madrid. Se trata de completar una infraestructura que nos sitúe al mismo nivel que otros enclaves económicos e industriales de Europa. De no hacerlo, quedaremos totalmente descolgados.