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Ángel M. González

Viento de Nordeste

El ciclo antidepresión

¡Que tus sueños sean más grandes que tus miedos!, reza un rótulo en el interior de una tienda abierta en el arranque de la desescalada. La transmisión del miedo es el arma más poderosa del virus en su ataque a la economía. Vencerlo es primordial para atajar el desastre por la virulencia de la crisis express originada por la pandemia. Para cambiar el chip, rearmarnos y alejarnos lo más posible del precipicio necesitamos, sobre todo, confianza y seguridad.
Mañana entramos en otra etapa de recuperación paulatina de la actividad, después de un periodo de prueba que puso de manifiesto dos cuestiones: el brío ciudadano en su regreso a las calles tras cincuenta días de encierro y la timidez en la apertura de negocios por las severas condiciones y el temor a reanudar el servicio. El reto a partir de este lunes es conseguir que comerciantes, hosteleros, empresarios y autónomos afronten la vuelta a esa ‘normalidad anormal’ con suficiente protección y un mínimo de viabilidad. Sin embargo, los requisitos y restricciones para este proceso gradual de desconfinamiento ponen en duda la rentabilidad. Aunque salud y economía tengan que ir de la mano, mucho me temo que asistiremos a no pocas tensiones entre quienes velan por la salud y los que ansían una vuelta rápida a la actividad. Ya está ocurriendo en Madrid. No en vano, el avance por fases tiene que ir acompañado de un rápido mecanismo de retroceso si la vigilancia epidemiológica lo determina.
Por otro lado, es difícil pronosticar el comportamiento que tendrá el consumo. Veremos si el ánimo que acompañó a las salidas estos días se traduce en una fiebre de gasto. Si se registra el mismo ímpetu que en los supermercados o en las compras ‘on line’. Ojalá recobremos esa fuerza emocional suficiente para que la recuperación sea tan vertical como fue la caída. Pero todo parece indicar que aún estamos lejos de revivir aquellos felices años veinte, después de que la gripe española llevase por delante a cincuenta millones de personas en todo el mundo. Llegará la fase dorada, no cabe duda. Pero ahora afrontamos el ciclo antidepresión, previo a la reconstrucción, que esperemos no sea demasiado largo.
En este ciclo, comercios, hostelería y turismo se enfrentan a una reconversión sobrevenida y acelerada, con la transformación de sus negocios como mal menor y cierres de establecimientos como mayor desgracia. Los aplazamientos fiscales, los apoyos de liquidez y la prolongación de los ERTE durante el tiempo de pandemia pueden salvar miles de empleos. Son medidas de auxilio cuyo esfuerzo hay que mantener para evitar el desmoronamiento total de esta riqueza. Pronostica la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal que uno de cada tres afectados por los expedientes acabará siendo despedido. En Asturias, serían 20.000. En España, un millón. La cifras son tan dramáticas como insoportables.
El gasto público contra el descalabro está siendo tremendo. Su impacto sobre la deuda y el déficit es espantoso, pero lo que se haga por sostener aquellos cimientos económicos determinará el alcance de la crisis y de la reactivación. De lo contrario, estamos abocados a una depresión mayor de la que acabamos de salir. Cuanto más logremos salvar en estos meses, menos costará luego rescatar a todo el país.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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