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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Sin Feria en el verano del ‘Neowise’

Si fuera cuestión de superstición se podría atribuir la crisis pandémica que atravesamos al paso del cometa ‘Neowise’. El astro, cuya imagen fue magníficamente captada esta semana por la sociedad gijonesa Omega sobre el faro de Luces, se deja observar desde marzo del confinamiento y el próximo jueves, 23 de julio, pasará desafiante cerca de la Tierra. Dicen los expertos que no lo volveremos a ver hasta dentro de 6.000 años. A saber qué quedará del planeta entonces. La única certeza que tenemos es que ya no serán nuestros ojos los que lo contemplen. Es más, no sabemos si quiera cómo andaremos de brotes el día de su aproximación.
Afortunadamente, la ciencia ha superado con creces la creencia popular sobre los malos presagios que transmitían la aparición de estos fenómenos del cielo. El conocimiento hizo añicos la irracionalidad. Resolvió hace más de trescientos años lo que representa realmente un cometa y lo que nos preocupa ahora es que halle cuanto antes una solución al coronavirus. Francisco Carantoña, director de este periódico durante cuatro décadas, escribió un relato viajero a tierras de Finisterre en el año del cometa Kouhutek, estamos hablando de agosto de 1973, que arrancaba con la siguiente reflexión: «Las incertidumbres, o los enigmas, hay que descartarlas, o que resolverlos, pronto, para evitar que en el ánimo tomen carta de naturaleza una tensión, o una inquietud, anunciadora quizás de la neurosis».
Sin que genere un estado de ansiedad, sin que llegue a convertirse en obsesión, el empeño de la primera autoridad asturiana en mantener a raya la COVID-19 es encomiable. La proactividad como contrapunto de la pasividad ofrece en este caso muy buenos resultados. Basta con mirar el mapa de España para comprobarlo. Tarde o temprano se producirá el rebrote, el riesgo que corremos por la baja tasa de inmunidad es muy elevado, pero no será por la distracción gubernamental ni por la capacidad de anticipación que ha venido demostrando.
El día anterior a la desautorización para celebrar la Feria, el presidente Barbón, en la asamblea de la empresa familiar, envolvió su intervención con un argumento incontestable: «Asegurar la salud es el mayor apoyo que podemos prestar a nuestras empresas». La decisión sobre la cancelación del certamen es eminentemente política aunque venga presentada con el lazo técnico. El propio presidente reconoció que adoptaba la medida a sabiendas de que le iban a llover críticas.
No ha sido tanto el chaparrón. La única tacha, que no deja de ser sustancial, es que se haya dictado veredicto apenas quince días antes de la prevista apertura. El daño sería menor si la prohibición se hubiera decretado hace un mes, incluso cuando se anunció el desmantelamiento del hospital de campaña en el pabellón central. Sin embargo, se produjo una incomprensible prolongación de la incertidumbre, a la espera de cómo se solventaba la contingencia.
Desde luego, los organizadores hicieron su trabajo como les corresponde en favor del evento más relevante del periodo estival gijonés desde hace cincuenta y cinco años consecutivos. El esfuerzo por haber intentado una edición restringida al máximo para no apagar la llama tiene también su valor, sobre todo porque perseguía evitar una consecuencia final calamitosa. Todavía se está a tiempo de impedir que los efectos de la determinación administrativa sean tan gravosos como se aventuran para las cuentas camerales y para los expositores que confiaban en el respirador agosteño durante la agónica travesía que recorremos. El ferial por trozos puede ser la salida.
Sea lo que sea, haya o no salones sectoriales, desde luego este verano quedará grabado en la memoria no tanto por el espectáculo que estos días ofrece el ‘Neowise’ en su periplo por el firmamento, sino por ser un verano infausto, al que solo le queda ser borrado. Confiemos en que antes de que llegue el próximo los científicos hayan encontrado el remedio.

Nota: Se confirma el intento de expropiación por la Hacienda central de los ahorros de los ayuntamientos para gastarlos en lo que decida la coalición gubernamental. La idea de dejar que se utilice una tercera parte del remanente municipal este año y el que viene y apropiarse del resto para devolverlo en diez años es una maniobra ratera, que solo beneficia a quien la promueve.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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