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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Hidrógeno para El Musel

En este país la única política energética que existió era aquella que los gobiernos de turno fueron planteando de manera caprichosa rompiendo las planificaciones del anterior, con una duración cortoplacista y sin generar el nivel de estabilidad que tiene que ofrecer a la economía. En cuarenta años hemos tenido más de una docena de planes distintos, cada uno de ellos con una apuesta diferente en el desarrollo de las fuentes energéticas, aunque con dos denominadores comunes: ninguno consiguió reducir la excesiva dependencia externa ni la de los combustibles fósiles ni tampoco permitió abaratar el recibo de la luz. Ni siquiera la cacareada liberalización del mandato aznarista sirvió para aliviar la factura de empresas y hogares. Al contrario. Los costes de transformación del sector se fueron cargando, de una forma u otra, a los consumidores a través de los precios y, pese a ello, el déficit de tarifa engordó de manera gigantesca. Hoy pagamos por la electricidad el doble de lo que destinábamos hace un par de décadas y la energía se ha convertido en un lastre para la competitividad de la industria.
Todo esto viene a cuento porque al amparo de una de esas tantas desastrosas planificaciones se construyó en El Musel la regasificadora de Enagas, que iba a ser punta de lanza de una nueva reconversión energética en Asturias basada fundamentalmente en la utilización del gas natural licuado en el proceso de producción de las centrales. Se preveía una despliegue del sistema de ciclo combinado en el cuadrante septentrional que iba a ser abastecido desde la planta gasística del puerto gijonés, donde incluso se llegó a proyectar la instalación de un grupo eléctrico con una dura pugna entre Endesa y HC. El resultado es conocido: no hubo semejante despliegue, la demanda de gas cayó estrepitosamente por la recesión y la regasificadora no llegó a arrancar nunca. Lleva más de ocho años en estado de hibernación, pendiente de poner en regla los permisos administrativos para que pueda entrar algún día en actividad y sin un destino claro de a qué se puede dedicar. Al menos hasta ahora.
Las posibilidades que ofrece el hidrógeno verde como combustible del futuro abre una vía para darle vida a la instalación gijonesa.
La compañía promotora quiere convertir el enclave de El Musel en un gran almacén desde donde distribuir dicha gas en línea con el plan bautizado como ‘grulla verde’, ‘green crane’ en inglés, que presentó en Bruselas para acogerse a la financiación europea, junto al operador italiano Snam. En ese macroproyecto, Enagas incluye como intención el emplazamiento en Asturias y en La Robla de plantas de electrolisis alimentadas por centrales eólicas y fotovoltaicas para la obtención del hidrógeno, que serían conectadas por gasoducto con los depósitos del puerto gijonés. La regasificadora, además, estaría enganchada a la red troncal europea a través de su conexión con Bilbao, para favorecer la salida por tubería del producto destinado a la exportación. Se trata, por lo tanto, de una infraestructura básica para el desarrollo de un nuevo negocio en potencia bajo el paraguas de la transición ecológica, que aún tiene por delante mucho camino por recorrer para demostrar que puede llegar a ser económicamente viable.
A la carrera del hidrógeno se están subiendo un buen número de compañías de la región con larga experiencia en el sector de la energía como productoras, ingenierías, fabricantes de equipos y grandes consumidoras. La Consejería de Industria, a través de la Fundación Asturiana de la Energía, ha constituido una mesa para poner sobre ella todas las ideas que vayan surgiendo aprovechando las sinergias que se pueden conseguir por la comunión del conocimiento y la trayectoria de las empresas que participan.
De mano, la iniciativa es positiva si se logra evitar la dispersión en favor de una alianza empresarial fuerte que lidere esta gran transformación industrial. Para ello está la administración pública. Para propiciar, favorecer las condiciones y ayudar a impulsar una actividad que, de salir bien, la Asociación Española del Hidrógeno dice que puede crear 227.000 puestos de trabajo en diez años en nuestro país. Solo con el dos por ciento que representamos como región, nos conformaríamos. Ahora bien, si al final no se cumplen las expectativas, que no sea porque los políticos cambien una vez más de plan.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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