Hace justo dos años, en esta cita dominical, hacíamos referencia al delicado momento que atravesaba la Duro para pedir confianza en la compañía y respaldo institucional. De aquella, la empresa había logrado una reestructuración financiera con los bancos y un proceso de capitalización con la entrada de nuevos accionistas que servían para aliviar temporalmente la asfixia que estaba sufriendo, pero la solución era evidente que no iba a resultar suficiente. El lastre que arrastraba por una gestión durante años suicida acabaría frenando su recuperación.
El declive de Duro Felguera, es necesario recordarlo, se debe a una acumulación de errores, cacicadas y desenfrenos de los anteriores gestores, que condujeron al emblemático grupo industrial asturiano a la uci de forma inexorable. Luego, como en las sucesivas crisis por las que ha pasado la compañía a lo largo de su centenaria existencia, padece una capacidad asombrosa de generar ruido interno y externo, revolviendo la casa dentro y fuera en función de distintos intereses, confesables o no, que acaban entorpeciendo los remedios. Procesos turbulentos como los que hemos visto en todo este tiempo, con la intervención de actores ajenos o vinculados a la empresa para determinar su rumbo en la tempestad, no son episodios nuevos en el devenir de la Duro. Ya sucedió en otras épocas no tan lejanas. Durante la presidencia de Félix Mazón, con Javier Ruiz Ogarrio, Ramón Colao… Quizás la razón se encuentre en ese fuerte arraigo que la marca tiene con la historia industrial de Asturias, que la hace singular para todo, incluso para levantar pasiones. Una identidad emocional compartida afortunadamente para lo bueno y por desgracia también para lo malo. En tales circunstancias, el mejor antídoto que ofrece la experiencia es guardar serenidad.
Días atrás, los representantes sindicales reclamaron una solución urgente para salvar la empresa, en una protesta celebrada ante su sede en el Parque Científico y Tecnológico de Gijón. Los convocantes recordaron que el grupo metalúrgico está en una situación agónica por los daños en el balance, las dificultades para firmar contratos, desarrollar su actividad industrial y mantener el empleo. La vida de Duro Felguera pende de un hilo. La irrupción de la pandemia ha agravado su estado y lo que hace dos años se reclamaba para ella, el auxilio en la encrucijada, es ahora una imperiosa necesidad que debe de atenderse antes de que sea demasiado tarde.
La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, SEPI, tiene sobre la mesa el proyecto para acogerse al Fondo de Apoyo a la Solvencia para Empresas Estratégicas. La firma asturiana ha sido la primera en pedir el amparo de este programa diseñado por la Administración central para ayudar a salir del marasmo a compañías esenciales que están siendo víctimas de la mayor crisis que hemos vivido en un siglo. Después de la Duro, más de una docena de empresas de este país expresaron su intención de solicitar el apoyo público. A partir de enero se prevé una avalancha. En la primera semana de noviembre, el Consejo de Ministros dio luz verde al rescate de Air Europa justificando su carácter estratégico «por la conectividad que ofrece tanto al negocio turístico como al conjunto de usuarios». El concepto estratégico que el Gobierno considera preceptivo para merecer esa ayuda temporal es relativo. En el caso de Duro Felguera es incuestionable tal condición para el sector industrial nacional y regional por su trayectoria, por la actividad en la que opera, su capacidad exportadora, la riqueza que genera y el nivel de empleo que mantiene. Sería una flagrante contradicción negar el respaldo y hablar al mismo tiempo de reindustrialización. Con ese objetivo no cabe duda de que es fundamental la fuerza de la unión en Asturias, sin titubeos, ante las presiones que en Madrid se puedan recibir por parte de otros territorios con intereses contrapuestos a los que aquí tenemos que defender.
El rescate público por parte de la SEPI y la entrada posterior de nuevos socios que refuercen su capital es determinante para que Duro Felguera vuelva a recuperar la confianza. ¿Qué mejor manera de finalizar el año del 120 aniversario como sociedad metalúrgica embridando el presente para empezar a labrar el futuro con una solución?