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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Ciencia, carbón y playa

El informe del Incar desmitifica lo que popularmente se había asumido como evidencia oficial durante treinta años por la falta de una labor investigadora rigurosa. El estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono concluye que apenas una cuarta parte del mineral que aparece en la playa procede de las bodegas del ‘Castillo de Salas’. Las otras tres cuartas partes tienen su origen en El Musel. Las manchas guardan más vinculación con la manipulación en el puerto que con el vertido del buque hundido en 1986, aunque ello no quiere decir que la carga del granelero no haya contribuido a tiznar San Lorenzo.
Otra conclusión a la que llegan los expertos del CSIC es que el carbón forma parte del ecosistema playero. Aparece a cuarenta y cinco centímetros de profundidad en matrimonio perfecto con la arena. Recuerda que en otra prospección que había realizado el instituto allá por 1956 como consecuencia de los sedimentos que ya aparecían en la playa se ponía de manifiesto la misma apreciación. Por aquel entonces se atribuía al lavadero de La Camocha, que vertía sus aguas al río como ocurría en otras partes de Asturias, véase el Nalón.
El veredicto del Incar, en realidad, constata una relación de dos siglos de la que los gijoneses no deberíamos sorprendernos a estas alturas. No creo que haya quien piense que antes de que existiera El Musel, a finales del XIX, la descarga de carbón a través de los ‘drops’ del ferrocarril de Langreo en el muelle local, junto a la antigua rula, era inmaculada. El trabajo de investigación permite acotar la dimensión de un problema generado por una actividad que para el puerto es como el corazón para el ser humano. Se deben buscar soluciones, pero tampoco podemos dejarnos arrastrar por ataques de ansiedad. Si nos centramos solo en la playa, el peligro no viene del Oeste. Nunca se cerró al baño por la arribada de carbón. La porquería que urge eliminar se vierte por el Este a través de las cañerías.
Las causas que provocan las polvaredas cuando sopla el viento, que son realmente las que ponen en riesgo la salud de las personas, y el derrame de granel al agua están perfectamente detectadas por las autoridades competentes. Principado, Ayuntamiento, puerto y operadoras son corresponsables. No en vano, todos se sientan en el mismo consejo de administración. La normativa que autoriza el creciente negocio del carbón en El Musel demuestra que es demasiado laxa. No se puede entender de otra manera cuando todas las empresas tienen la acreditación medioambiental para desarrollar una tarea que se convierte al mismo tiempo en foco de emisión contaminante. Por otro lado, hay un criterio excesivamente discrecional a la hora de permitir la ocupación temporal de espacios portuarios para depositar el mineral que no están preparados para ello.
La actividad carbonera en el enclave gijonés está experimentando un crecimiento notable. Su situación estratégica, la experiencia acumulada y la disponibilidad que ofrece la ampliación hacen de El Musel el lugar más atractivo de España para este tipo de tráficos. El movimiento del carbón, adicional a las propias necesidades de la industria asturiana, representa una gran oportunidad, generadora también de riqueza y puestos de trabajo de los que estamos tan necesitados. El puerto tiene que atender a esa nueva realidad poniendo a disposición de los operadores toda su capacidad de manera ágil y eficiente, aunque no a cualquier precio.
Es justo reconocer que la Autoridad Portuaria y las compañías han aplicado medidas para reducir el impacto de las tareas de manipulación, como el riego, los apantallamientos y la adecuación de los suelos para la acumulación del mineral, junto a otras mejoras en las labores con el fin de impedir la polución. Pero sigue existiendo un déficit de infraestructuras en algunas de las explanadas, entre ellas la recogida de aguas que eviten el vertido al mar cuando se humedecen las pilas o en días de tormenta. Trabajos crecientes como los cribados requieren también una revisión en profundidad.
En definitiva, una vez que ya se ha pronunciado la ciencia, existen remedios para compatibilizar el creciente negocio carbonero con la preservación medioambiental con más inversión, mayor cuidado y mejor control. Siendo conscientes, de todas formas, que de vez en cuando el mineral que reposa en el fondo del litoral vuelva a emerger para decir aquí estoy yo.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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