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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Los carnavales del PP

El PP gijonés celebra los carnavales a su manera. El martes de Antroxu de 2019, Pablo Casado, en el Bellavista, daba el espaldarazo a Alberto López-Asenjo como candidato a la Alcaldía, designado por el método digital tradicionalmente usado en la organización. El mismo que se empleó con Teresa Mallada en los comicios autonómicos y, para qué engañarse, con todos los anteriores aspirantes que encabezaron los carteles populares en la historia electoral de este país. Por entonces, Mariano Marín ya había caído en desgracia, simple y llanamente porque era un representante destacado del ‘cherinismo’, movimiento convertido en ‘fantasma del pasado’ en Asturias que los ‘new populares’ se han marcado como reto aniquilar. Marín, por lo tanto, estaba llamado a dejar la silla una vez que la lideresa allerana se hiciera con el poder del partido. Cuestión cantada, por otra parte, dada la manera de resolver las cuitas que el PP ha tenido siempre.
El asalto del malladismo a Gijón, sin embargo, tardó en organizarse. Necesitó tiempo la ingeniera de minas para abrir una galería sumando gregarios de las distintas facciones que integran la formación en esta ciudad, cada una de su padre y de su madre. Así que Marín consiguió prolongar su mandato casi dos años conduciendo al partido hacia el letargo, sin apenas actividad, sin conexión con el grupo municipal, sin relación de confianza con la dirección regional y con la sede cerrada. El hombre discreto, dueño de sus silencios que, por el contrario, quedó atrapado por sus palabras. En su haber quedó el furibundo ataque que lanzó a López-Asenjo cuando presentó su candidatura: «Ni es de Gijón, ni vive en Gijón, ni ha desarrollado actividad política alguna en Asturias y ni siquiera está afiliado al PP». Una arremetida sin parangón en la vida política regional a un cabeza de lista electoral, que volvió a reiterar en una carta incendiaria contra Mallada y su equipo remitida en septiembre al propio Casado. Un escrito convertido en bumerán.
La nula relación con los concejales es un argumento de fondo en la práctica relevante para cargarse al presidente local. El pasado 15 de diciembre, la embestida empezó a tomar forma con las peticiones de dimisión en la junta local por la inactividad de los órganos internos de la formación para recomponer la comunicación con la bancada en el Ayuntamiento y fijar una estrategia conjunta de trabajo inexistente. Una descomposición que estaba conduciendo inexorablemente hacia una situación peligrosa, la del grupo municipal sin partido. Otra cuestión será el grado de incomodidad que se puede generar por el nivel de intervención que se quiera ejercer sobre la tarea de los ediles de ahora en adelante.
Ha sido de nuevo carnaval el momento elegido para el golpe definitivo, con efecto inmediato al día siguiente. El comité regional de derechos y garantías abre en antroxu el expediente disciplinario al exdelegado del Gobierno, exconcejal y abogado, que responde el miércoles de ceniza con el portazo al partido. La manera en la que se ha despedido Marín ya no sorprende a propios ni extraños. En las filas populares tienen por costumbre acabar en público despedazándose sin ningún tipo de rubor ni acritud. En eso, el PP no ha cambiado. Hemos sido testigos de espectáculos similares en otras etapas convulsas de la formación política en Gijón y en Asturias. También a nivel nacional. Lo estamos viendo ahora.
El control del partido en Gijón, por otro lado, es un objetivo incuestionable para reforzar el liderazgo autonómico. No en vano, se trata de la mayor plaza electoral y un lugar decisivo para forjar buenos resultados. El equipo que se conforme tiene como labor inicial la recomposición de los órganos internos de la formación y la recuperación de la confianza entre la militancia, pero luego deberá emprender otras dos tareas. La primera, tender puentes con la representación municipal para lo que resta de mandato. Y la segunda, intentar edificar una opción sólida del centroderecha en la ciudad con el resto de siglas que se disputan el espacio. Una meta complicada pues el PP nunca tuvo en el consistorio gijonés tanta competencia para construir desde la oposición una alternativa de gobierno. Sin llegar a tenerla, fue incapaz de conseguirlo en casi cuarenta años.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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