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Ángel M. González

Viento de Nordeste

La renuncia del concejal

El lunes por la mañana, el abandono del concejal de Educación y Cultura era solo un rumor para los ‘jenízaros’ municipales cuando el edil en cuestión llevaba más de una semana con la renuncia sobre la mesa del despacho de la primera dama. La imagen de Alberto Ferrao captada ese mismo día por este periódico en el acto de los sesenta años de Gesto reflejaba la pesadumbre de un hombre emocionalmente tocado por una decisión que daba ya por cierta su círculo más cercano. El número dos de la lista de Ana González por criterio de partido sale del Ayuntamiento al borde del ecuador del mandato con más pena que gloria, salvo la que le ha brindado la oposición en su despedida. La alcaldesa apenas tardó cuarenta y ocho horas en cerrar la ‘minicrisis’ para sustituir al número dos por el doce de la candidatura, como establecen los cánones, en un puesto cercado por lugartenientes. Ahora bien, si la anulación jerárquica de la concejalía era patente y la dimisión, por lo tanto, previsible, cabe preguntarse si este accidente en las filas del gobierno local abrirá un paréntesis para la reflexión sobre el escaso protagonismo del resto del equipo. No vaya a ser que tanto perfil bajo, dejando el papel estelar al socio de coalición, acabe causando un problema en la Casa del Pueblo.
Decía antes que la espantada de Ferrao había sido glorificada por los grupos de la oposición de una manera, incluso, llamativa. Se deshicieron rindiendo honores al talante dialogante y conciliador mostrado por el representante socialista para contraponerlo a la «actitud personalista» de la primera edil. Y sin embargo, no entraron a valorar su gestión, el trabajo realizado al frente de un área en teoría bandera del partido que gobierna, ni siquiera en lo que respecta al activismo mostrado en la cuestión memorialística. Surge entonces alguna duda. Por ejemplo, hasta qué punto la política cultural en Gijón resulta prioritaria para los grupos de distinto color en la bancada. ¿Tiene interés o no lo tiene?
La irrupción de la pandemia, con sus restricciones, ha trastocado la acción cultural en todas sus manifestaciones y por ello es difícilmente medible la tarea de los administradores de la cosa municipal en estos dos años de mandato. Pero independientemente de la etapa vírica, es evidente que la ciudad tiene pendiente recuperar ‘punch’ en este ámbito, sin que sepamos realmente en qué se está trabajando para conseguir que Gijón crezca en el ranking cultural de este país. Además de convertir el festival de cine en una casa de intrigas, eliminar de la programación ofertas consolidadas en los últimos años y promover la disolución de Divertia, se esbozaron las ideas para el gran contenedor que puede llegar a ser Tabacalera. Un plan de usos ambicioso indudablemente, pero con la obra a ralentí, sin garantía presupuestaria y que deja sin resolver la reordenación museística y la integración del Palacio de Revillagigedo en el circuito de equipamientos artísticos y culturales de la villa. En el capítulo del debe, se echa de menos también una mayor pelea desde la autoridad local por el estado crítico de Laboral Centro de Arte, dependiente del Gobierno asturiano, llamado a ser lugar paradigmático de la creación vinculada a la ciencia, a la tecnología y a la innovación. Un centro singular en este país, punto de encuentro de las nuevas expresiones artísticas de este siglo, situado en plena Milla del Conocimiento y que, sin embargo, se ha dejado de mirar para él. Siendo tan diferencial, ¿por qué lo dejamos morir?

Nota. Ya hay más material para alargar los debates. Por un lado, los bocetos de Adif que convierten la estación provisional en definitiva con tres aspectos: la ‘losona’ de diez metros de altura para que pasen los coches, las vías sin cubrir hasta La Calzada y la inconcreción sobre la terminal de autobuses. Da la impresión de que en Madrid no se acaba de entender lo que se quiere. Está tan verde como el color de los dibujos. Por otro, la reforma del Muro. Si Niza es el modelo preferido quiere decir que se tiende a un carril de servicio dejando el resto para peatones, bicis, terrazas y vegetación. La propuesta de la Demarcación de Costas sobre el retranqueo del paseo por la amenaza del cambio climático introduce, además, otro elemento en la discusión, aunque la obra sería inmensa en tiempo y dinero. No parece que sea en lo que ahora se está pensando.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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