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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Tiempo de luz

Desde ayer podemos disfrutar de más tiempo de luz en las terrazas. Los gijoneses, los asturianos en general, hemos recuperado un pequeño trozo de libertad con el retraso del inicio del toque de queda. En mayo, si la cosa no se tuerce, tendremos la posibilidad de ampliar ese espacio usurpado por el coronavirus con el deseo de que no se tenga que recurrir de nuevo a un instrumento tan inhibitorio de los derechos como el estado de alarma. La rebaja de las restricciones decretada por el Principado a petición de la patronal asturiana supone una inyección de moral para la ciudadanía y un leve alivio para los negocios que peor lo están pasando por la pandemia. Aunque las dudas continúan pesando más que las certezas, deberíamos pensar que hoy emprendemos un camino de esperanza, entre las profundas cicatrices que la plaga deja en la sociedad. Una transición gradual y duradera.
En esa ruta el dilema economía-salud seguirá indudablemente coexistiendo, pero convertido en una triada indisociable con la incorporación de la vacuna como elemento determinante. El efecto protector de la vacunación funciona. En Asturias, con poco más del diez por ciento de la población inmunizada, se ha logrado una notable reducción de la gravedad en el ataque del virus. Con la variante británica como dominante, las muertes han bajado considerablemente. Manteniendo el ritmo de inoculación emprendido desde Semana Santa, la capacidad de devastación del terrible patógeno, salvo que aparezcan mutaciones que lo hagan más fuerte, puede empezar a quedar prácticamente anulada si se logra que la mitad de los que aquí vivimos lleguemos a julio con la inyección puesta. Es fundamental generar confianza sobre la seguridad del remedio. Si leyéramos los prospectos de medicamentos usados libremente con tanta frecuencia como el paracetamol o el ibuprofeno nos daríamos cuenta de que encierran mayores riesgos de trombos, infartos de miocardio e ictus que la marca vacunal tan cuestionada. Por lo tanto, la evolución de la salud y la recuperación de la actividad queda a expensas del escudo que logremos construir con la aplicación de los viales. Pero no solo de eso.
Se necesitan nuevos planes de contingencia para avanzar en la protección anticovid y en la reactivación de la economía. Antes del 9 de mayo, con la finalización de los toques de queda o los cierres perimetrales, el Gobierno central y el de la autonomía deberían tener diseñada una respuesta con las suficientes garantías jurídicas para el control de la pandemia ante los repuntes que se puedan ir registrando en la transmisión de la enfermedad.
No se puede repetir el caótico sistema de desescalada que se experimentó tras el confinamiento domiciliario. El modelo de cogobernanza hay que mejorarlo, pero en un país donde se ha renunciado a la unidad de acción incluso en la batalla contra un virus mortal, poco se puede esperar ya de los responsables políticos. Más cabe hacerlo de la responsabilidad de los ciudadanos.
Hay que seguir protegiendo la salud, manteniendo a raya la presión sobre los servicios asistenciales, al mismo tiempo que se va recuperando el pulso económico. Catorce mil trabajadores continúan en los ERTE en Asturias y diez mil autónomos siguen cobrando prestaciones por cese de actividad. El reto es rescatar a todas esas personas para impedir que acaben definitivamente en las colas del paro y volver a generar tarea con el fin de reducir las cifras del desempleo. Tenemos que evitar el hundimiento en la pobreza. ¿Serán las administraciones capaces de establecer una buena planificación que empuje la reactivación? No me refiero a los proyectos de los fondos europeos, con un control inseparable de Moncloa y una maduración que requerirá años, sino a medidas inmediatas, de hoy para mañana.
El Gobierno asturiano dispondrá de más de cien millones de euros para desarrollar un programa de choque con ayudas directas, que tiene que ser dirigido a sacar del agujero a los sectores más golpeados. Hostelería, turismo y comercio requieren la mayor atención, pero las ayudas deben ampliarse inexorablemente a otros negocios que cayeron hasta ahora en el olvido para que todos tengan la misma oportunidad de dejar atrás el ‘shock’ pandémico. El Ayuntamiento de Gijón prepara más acciones en favor de esa reanimación. El sistema de bonos-descuento, como los anunciados estos días para promover las estancias en hoteles, es una buena fórmula para extender y estimular el consumo en una ciudad con tantas ganas de vivir.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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