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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Los encontronazos con el Principado

Los encontronazos entre las dos administraciones socialistas de Gijón y Asturias empiezan a ser llamativas tanto por su frecuencia como por su intensidad. Aunque en todos ellos la justificación sea la acción gubernamental sin más, diría por el contrario que en los casos más sonados, aquellos que han trascendido y que han tenido más impacto en la opinión pública, la razón más convincente es la incapacidad demostrada para resolver los problemas o la capacidad manifiesta para crearlos. No se deben de extrañar, por lo tanto, sus protagonistas que se generen interpretaciones políticas a partir de estos choques sobre las relaciones entre unos y otros que comparten el mismo color. Cuando las tiranteces no se resuelven en el ejercicio de lo público suelen acabar convirtiéndose en un asunto interno de partido. Sobradas experiencias lo avalan.
Olvidada alguna descoordinación a las puertas del confinamiento cuando planeaban las dudas sobre quién tenía la autoridad para determinadas decisiones, da la impresión, desde el punto de vista del gijonés de calle, que el Gobierno asturiano muestra más querencia hacia la cosa capitalina que hacia esta villa marinera. Alguna cuestión estratégica habrá para que el presidente Barbón se abraceúltimamente más con el primer edil de Oviedo que con la alcaldesa de esta ciudad. Quizás no lo necesite tanto aquí como allí, aunque ver veremos. Todavía queda lejos el momento para suponer que el sorprendente pulso que mantienen algunas de sus consejerías con el Consistorio local conlleve, si persiste o se agudiza, un desgaste en el granero electoral de Gijón. Quién sabe.
Ahora bien, la regidora municipal puede indudablemente sacar rédito de la pelea en la defensa de los intereses de la ciudadanía a la que representa y para la que fue elegida, frente a los despropósitos de la institución autonómica. Evita el mantra del sucursalismo al que desgraciadamente nos hemos acostumbrado por una visión torticera de la lealtad a las siglas y de la disciplina. Ello pese a que se desaten los nervios en la Casa del Pueblo.
Tres son los asuntos recientes que provocaron la confrontación entre el equipo de gobierno local y la Administración regional.
El primero, la decisión de la Consejería de Cultura de descabezar Laboral Centro de Arte y Creación Industrial con la idea de darle un nuevo rumbo, sin una definición clara, a un equipamiento con un contenido singular y prometedor desde su origen, enriquecedor para Asturias, pero que ha ido perdiendo oxígeno por los mandarines con despacho a veintiocho kilómetros del lugar.
El segundo, la estación de la ITV en Granda, donde la cerrazón de la Consejería de Industria ha puesto en un brete al Ayuntamiento ante la falta de razones técnicas para denegar una licencia como exigen los vecinos. Llama la atención la subida de tono que ha ido adquiriendo el ‘affaire’, que solo se podrá solventar mediante una intervención política con voluntad de consenso que encauce la salida desde la sensatez. Mayor amonestación no puede recibir el proyecto: De los parroquianos, de toda la corporación municipal y de la Junta General por iniciativa de los grupos de la oposición al completo. Ante semejante resistencia, resulta absurdo porfiar en la idea por mucho interés general que pueda tener la rápida apertura de una segunda estación para descongestionar el servicio de inspección de vehículos en Gijón.
Y el tercero, el cierre del centro social de San Agustín. El cabreo en este caso ha sido con la Consejería de Bienestar. No fue la única vez en la que se produjo fuego cruzado con el departamento dirigido por la portavoz del Ejecutivo asturiano. El realojo de los jóvenes de La Calzada que tuvieron que salir de la vivienda de Vipasa donde residían por su lamentable estado ya había provocado fricciones entre los responsables institucionales. Lo del centro social es una muestra de la improvisación con la que se tratan los asuntos relacionados con la atención a nuestros mayores.
La Consejería ha reaccionado solo cuando el gobierno local PSOE-IU decidió llevar por motu propio la protesta al pleno soberano mediante una iniciativa de resolución. Si esta fórmula funciona, igual tendrían que hacer uso de ella cada vez que el Principado dé mutis por el foro. Para que luego salgan diciendo desde el partido que no pasa nada.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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