Al llegar al cargo le colgaron el sambenito por ser catalana bajo la sospecha de que desde el ministerio que dirige intentará colmar las insaciables apetencias del independentismo, al tiempo que servirá para promocionar su figura tras las operaciones fallidas del PSC en las últimas contiendas electorales. Su antecesor en el puesto no era catalán, era valenciano, y ejerció de ello durante los tres años que estuvo al frente del departamento, con un impulso descarado al eje del Mediterráneo, en beneficio también de la comunidad de la que usted procede. Mientras, en otras plazas, como aquí en el Norte, se dedicó a dar capotes para ir dilatando los proyectos aprovechando todas las circunstancias del ruedo, sin compromiso ministerial firme alguno. Ahora bien, dejando fuera prejuicios y orejeras, viene usted del municipalismo, conoce perfectamente la influencia de las administraciones cercanas en la satisfacción de la ciudadanía y las consecuencias que acarrea el ejercicio malsano de una política territorial desequilibrante para mantener el poder por la vía del voto. Será legítimo, pero es frustrante.
En Asturias y en Gijón ya estamos curados de espanto ante el cúmulo de agravios en materia de infraestructuras dependientes del Estado. Pesamos poco, el dos por ciento, pero menos pesa Teruel y sin embargo existe en el pasteleo en el que se ha instalado la acción gubernamental. También hay que decir que la situación no es de ahora. El trato viene de largo, de anteriores gobiernos, sean de un color u otro, por lo que aquel que logre corregir la desigualdad con hechos, no con palabras, tendrá su justo reconocimiento en el paraíso.
Después de siete años de alcaldesa de Gavá, es la séptima persona que porta la cartera ministerial de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, antes Fomento, en estas dos últimas décadas en las que se fueron planteando todos los proyectos sobre los que tienen competencias y que siguen sin finalizar o bloqueados. Lo más probable es que a usted le corresponda inaugurar la variante de Pajares, una obra legendaria de ingeniería ferroviaria que arrancó en 2005 y que acumula un retraso y un sobrecoste igualmente épicos, para llevar la alta velocidad hasta Lena, acabar con el suplicio del viaje Gijón-Madrid y situarnos, qué menos, al mismo nivel del resto de regiones de este país. No se podrá decir lo mismo en las comunicaciones por carretera en tanto se mantenga el peaje de la autopista del Huerna. Su supresión, como se ha planteado en Galicia o está previsto este mismo mes en Cataluña, es incuestionable por el grado de castigo que conlleva para toda la comunidad. Su prórroga hasta 2050 supuso la prolongación del mal. El rescate sería una contribución histórica a la justicia y a la igualdad.
La llegada del AVE tiene que marcar el inicio de la revolución del tren en Asturias con el desarrollo de los planes ferroviarios puestos sobre la mesa. En ese sentido, la designación de su número dos en el Ministerio y del nuevo equipo de Adif es ‘a priori’ una decisión acertada. La lucense Isabel Pardo de Vera conoce sobradamente lo que contienen las carpetas.
El programa para modernizar la red de cercanías y el desbloqueo del plan de vías de Gijón son los dos grandes elementos para conseguir la movilidad urbana y metropolitana que defendió hace unos días como prioridad de su mandato en la presentación del ‘Global Mobility Call’. Una movilidad que usted mismo definió como de «proximidad, cercana y cotidiana» para hacer, mediante el transporte público, unas ciudades más amables y saludables.
Pues bien, el pasado 12 de mayo, el consejo de Gijón al Norte aprobaba la reubicación de la terminal intermodal en Moreda como pieza esencial para la puesta en marcha del metrotrén. Como ya le habrán informado, el plan de vías lleva atascado década y media con un túnel de cuatro kilómetros que atraviesa la urbe sin utilidad ninguna, enfrascados en un debate sobre la localización de la estación central que solo ha servido para justificar la paralización de esta infraestructura vital. Se han gastado cerca de doscientos millones en obras, proyectos e informes para desembocar en ninguna parte. Por lo tanto, llegados a este punto, si el nuevo emplazamiento es concluyente, lo exigible es apurar los plazos. Está pendiente el análisis de impacto ambiental, el estudio informativo definitivo, concretar su financiación, elaborar un nuevo convenio entre las tres administraciones implicadas y definir el calendario de licitaciones y la ejecución. Es decir, casi nada si queremos que esté todo antes de 2030.