Como desgraciadamente dicta la experiencia de los últimos años, cualquier medida encaminada a la racionalización del gasto que emane de la autoridad administrativa, sea cual sea la institución que esté detrás, conlleva algún tipo de recorte que indefectiblemente afecta finalmente a los beneficiarios de los servicios, es decir, a los ciudadanos. Por ese conocimiento adquirido, aunque la decisión se presente como una cuestión aparentemente lógica para optimizar los recursos eliminando costes superfluos o duplicidades, el resultado suele ir en perjuicio del administrado por una clara razón: la incapacidad demostrada en la gestión pública de traducir el ahorro en una mejora de la atención. De ahí que toda idea reorganizativa levante sospechas y sea recibida inmediatamente con suspicacias, más aún cuando se plantea en agosto, con nocturnidad y alevosía.
La desaparición de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón es una lamentable decisión, que rompe el principio de la descentralización administrativa que se fue construyendo desde la Transición para estar más próxima a la ciudadanía y ganar en eficiencia. La llamada unificación con Oviedo supone el emplazamiento en la carretera del Rubín del Centro Operativo de Servicios, de la plana mayor y de las unidades operativas duplicadas. Es decir, el mando y la orden de reacción quedarán concentrados en la capital asturiana, sin que se conozca el destino que tendrá el histórico cuartel de Contrueces al final del proceso de reestructuración territorial a la que se enfrenta la Benemérita en la región.
La singularidad de Asturias no ha cambiado desde que el Gobierno de José María Aznar decretara en 1997 el establecimiento de una única Comandancia por provincia. Las mismas razones por las que entonces se entendió que debería de mantenerse la excepción por cuestiones operativas en un lugar complicado, de mar y montaña y población dispersa, siguen siendo válidas hoy sin duda alguna. No se puede aplicar aquí el mismo patrón que se usa en Murcia, en Badajoz o en Zamora. No sirve medir el servicio por cuarteles, dependencias o efectivos por cada mil habitantes. Esa consideración especial dispensada hace veinticuatro años tendría que seguir vigente porque las condiciones no se han modificado. Si el argumento es económico, como parece, sería inadmisible que bajo tal justificación se pusieran en peligro los niveles de prevención y seguridad alcanzados en la comunidad autónoma por un mero tratamiento provincial.
Aunque la supresión de la Comandancia trasciende lo local, la aceptación expresada desde la primera autoridad municipal restándole importancia a la decisión resulta claramente reprochable. No en vano, supone la renuncia sin condiciones a una dotación con una trayectoria histórica de más de ochenta años, que situaba a Gijón en la división merecida como el concejo más poblado de Asturias.
Hace cinco años, de aquella gobernaba el PP en España, el Ministerio del Interior decidió desmantelar la sala del 091 de la Comisaría gijonesa para hacer lo mismo que ahora, concentrar la central de operaciones en Oviedo. Se alzó alguna voz desde el Consistorio, pero tampoco se hizo ‘casus belli’ ante semejante usurpación. Ojo con la política endeble porque se corre el riesgo de que la ciudad vaya perdiendo estatus frente a la fuerza centrípeta asistida que está ejerciendo la capital y su área de influencia. Se está empezando a observar en otros ámbitos distintos al de las fuerzas de orden público. A nivel económico, empresarial, de promoción turística, cultural, etcétera. ¿Acaso se puede pensar que aquella falacia del cerco ha funcionado?
El presidente del Principado, Adrián Barbón, achacó la reestructuración de la Guardia Civil en la comunidad en la que gobierna a una decisión del Instituto Armado. Pues claro, pero ello no es óbice para que el primer mandatario asturiano y líder del partido que manda vigile que la reconversión anunciada no afecte lo más mínimo a la encomiable tarea que desempeña el cuerpo en la región.
La delegada del Gobierno, Delia Losa, dijo de manera tajante que la agrupación permitirá mejorar la coordinación de la Benemérita y que el ciudadano «no notará nada» porque simplemente es una adaptación administrativa. Bendito objetivo ese si la coordinación se mejora sin que lo note la ciudadanía. En fin.