Después de que el primer congreso del PSOE asturiano liderado por Adrián Barbón en octubre de 2017 aprobara en su documento político la abolición de las corridas de toros, el grupo municipal socialista en el Ayuntamiento, de aquella en la oposición, silbaba hacia arriba con las manos en el bolsillo evitando meterse en el fregado. Algún concejal de entonces queda en la actual Corporación que con su voto impidió que salieran adelante iniciativas de Podemos e IU para que fuera eliminada la práctica de la tauromaquia en esta ciudad. La formación morada llegó a plantear la celebración de un referéndum local sobre el asunto, tumbado por los socialistas con solo la abstención.
Cuando Ana González se presentó como candidata a la Alcaldía rehuía cualquier cuestión relacionada con el futuro de la feria taurina. En su programa electoral no recogía mención alguna a los toros pese a que el partido en el cónclave urdido en Oviedo fijaba como encomienda el fin de la cesión de espacios y ayudas públicas a la celebración de este espectáculo en Asturias, es decir, en Gijón.
Durante la campaña, la ahora primera edil llegó a deslizar como probable la celebración de la consulta popular para decidir sobre la supresión, pero la censura del destino de la plaza en esta villa mediante plebiscito tendría escasas posibilidades de prosperar.
Al ganar las elecciones decide incorporar al único concejal de IU en su gobierno mediante un acuerdo de coalición que tampoco reflejaba en ninguno de sus puntos la puntilla a la lidia. Si la intención era cargarse la feria siguiendo la ruta programática del nuevo socialismo fundado por Pedro Sánchez, ¿qué mejor oportunidad tendría el PSOE gijonés que aprovechar el pacto para no mantener la farsa? Más aún cuando Izquierda Unida lo incluía expresamente en el catálogo de propuestas para los comicios.
Sin embargo, la alcaldesa, amparándose en las atribuciones que le confiere el cargo, admitió estos días que la decisión de cumplir el mandato congresual ya la tenía tomada y que lo que hizo fue adelantarla ante la polémica que ella misma alimentó por los nombres de las reses. Es lo mismo que reconocer que gobierna con la agenda oculta que tanto denuncia la derecha, cuya aplicación va descubriendo en función de la oportunidad o el estado de humor. De esta manera, anunció la eliminación de la fiesta taurina no como esgrimía el movimiento animalista sino por un arrebato dogmático con un argumentario equivocado.
Cuando llegó al sillón consistorial prometió rescatar el espíritu de aquel Gijón perdido por la irrupción de Foro en el gobierno municipal. La ciudad del consenso, integradora, feminista, igualitaria, tolerante, abierta, alegre, vital… Todo un compendio de valores mencionados por la propia Ana González, que ya conectaban con la idiosincrasia gijonesa, de pluralismo, diálogo y respeto, que es lo que había permitido avanzar en este medio siglo de democracia. Si en algo se distinguió el PSOE local en los treinta años que llevó las riendas de este lugar en el que con tanto orgullo vivimos fue por haber apuntalado ese modelo de convivencia y libertad. La celebración de los toros era un ejemplo. La pena impuesta a la feria forma parte de una deriva que castiga simple y llanamente a la ciudad.
Con la aniquilación de la cita que se venía celebrando desde que existe el coso de El Bibio hace 133 años se despide amargamente un agosto excepcional, incluida la Semana Grande. Excepcional no precisamente por la pobre aportación municipal, sino por el trabajo desplegado por la iniciativa privada que ha sostenido con empeño una programación capaz de atraer gente hasta llenar la ciudad pese a las restricciones de la pandemia. Las corridas, reducidas a tres por la crisis sanitaria, una vez más han contribuido a ello. Su eliminación tendrá efectos perniciosos en la economía y en la imagen de Gijón, difícilmente medibles ahora.
La alcaldesa avanzó que la plaza se dedicará únicamente a albergar actuaciones musicales y mi mente me lleva a aquel septiembre de 1997, cuando apenas siendo un adolescente, un mes después de ver una faena de Curro Romero en víspera de Begoña, pude disfrutar a gusto de un inolvidable concierto de Quilapayún.