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Ángel M. González

Viento de Nordeste

Hacia una primavera revuelta

Bienvenida la inyección anímica que trae consigo el play de la folixa carnavalera para descomprimir la apretada vida, acosada también ahora por la tensión geopolítica después de la ansiedad generada en estos dos años de batalla contra el enemigo invisible. Lástima que dure tan poco la fiesta y se tenga que volver a dar la pausa como mínimo hasta Semana Santa, si los bichos nos dejan cargar pilas para aguantar el paso por el siguiente tramo desde entonces al estivo. Ver veremos. Porque hay demasiado loco de concepciones mesiánicas empeñado en seguir jugando a la ruleta con o sin patógeno, atacando la paz en el continente, poniendo a Occidente por montera y quebrando el orden mundial. Maldita la pesadilla que iniciamos en la madrugada del 24 de febrero. Ante tanto descerebrado suelto utilicemos como arma contra el expansionismo bélico los gritos del ¡No a la guerra! ¡No al autoritarismo! por si hay alguien todavía por ahí que escuche. Ojalá lo haya y se pueda frenar la destrucción criminal del invasor en la raya de una Europa debilitada por sus propias contradicciones sin el lenguaje de los misiles, con la fuerza de la unión, la protección, la presión y la palabra. Cuanto más tardemos en parar la tragedia, mayor será el precio que pagaremos.
Y sin dejar de pensar en Kiev, volvemos a las cosas de casa. Una vez que enterremos la sardina y las murgas guarden silencio, nos encaminaremos hacia una primavera políticamente revuelta por los movimientos que se vayan generando a escala local en la actuación municipal y en la vida interna de los partidos. Un periodo al que no será ajena la propia coalición de gobierno entre el PSOE e IU, once más uno, cuyo estado de salud entrará inexorablemente en fase de revisión constante. En ese sentido, marzo promete ser un ‘mes aureliano’ por la agenda que el edil tiene por delante y la influencia de su trabajo en el devenir de esta ciudad.
Ya se vio, al inicio del mandato, que la concejalía que los socialistas aceptaron poner en manos de Izquierda Unida iba a ser protagonista de la gran transformación de Gijón. Una tarea operativamente transversal y con una visibilidad enorme ante el reto que implicaba el desarrollo de la política medioambiental y de movilidad. Así está siendo y de nada sirve ahora rasgarse las vestiduras por ello. El éxito o el desgaste de las decisiones que se han ido tomando y en su caso acelerando al amparo de la pandemia no es únicamente achacable al concejal añadido al equipo de gobierno. Resultará difícil que la mayoría de los ciudadanos acaben discerniendo en las urnas las responsabilidades de cada cual.
Decíamos que el mes en el que entramos será el de Aurelio Martín porque, salvo algún contratiempo, está previsto que el Ayuntamiento ponga sobre la mesa dos planes largamente esperados y controvertidos como el de la movilidad en la ciudad y el de la renaturalización del río Piles. Dos planes que a buen seguro avalarán las medidas que en ambas competencias se fueron adoptando desde la casa consistorial, digamos de manera probatoria, alocada, sin orden ni concierto, dentro de una instalada temporalidad. Vamos a comprobar cuánta de esa provisionalidad se consolida en esas guías estratégicas y de qué forma se recogen las ideas que se han ido desplegando para transitar hacia ese municipio más verde, limpio, sano y sostenible.
Hasta el momento, la mayoría de las acciones que se han ido emprendiendo tuvieron como respuesta el descontento y la contestación. En El Piles, la eliminación del anillo navegable para la práctica del piragüismo fue una decisión arbitraria que aún se puede corregir con una solución a gusto de las partes. En materia de tráfico, el cúmulo de desatinos está siendo desesperante, con una persecución al coche sin apenas alternativas. Se expulsan los vehículos del centro, se llevan las dificultades a los barrios más cercanos y se restringe como nunca el acceso de los residentes en las parroquias rurales. Sin ir más lejos, en abril, más de 30.000 turismos sin distintivo ambiental tendrán prohibido el uso de la zona azul.
Los cambios en la ORA y su extensión, la progresiva eliminación de aparcamientos en las calles y el aumento de las limitaciones para estacionar están siendo una fuente de problemas para los gijoneses por la falta de una buena planificación. El Ayuntamiento, más que seguir generando molestias, debería aportar mejores y eficaces soluciones. Por ejemplo, tener construidos amplios espacios disuasorios, a ser posible gratuitos y con buses lanzadera, antes de seguir avanzando en la exterminación del turismo por el corazón de la ciudad. Para ello deben servir los planes.

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Sobre el autor

Periodista del diario EL COMERCIO desde 1990. Fui redactor de Economía, jefe de área de Actualidad, subdirector y jefe de Información durante doce años y desde febrero de 2016, director adjunto del periódico.


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