El Principado, a través de la Consejería de Agroganaderia, está impulsando la presentación de la candidatura para que la sidra asturiana sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Defiende que nuestra bebida es absolutamente merecedora de tal distinción por tener rasgos singulares, ser la única que se escancia y además formar parte de una tradición milenaria que se ha ido adaptando conforme al discurrir de los tiempos.
Hace unos días, el Ayuntamiento de Nava se adhirió a la iniciativa planteada por el Gobierno regional, que recoge una idea impulsada por un grupo de lagareros y el investigador de la Universidad de Oviedo, Luis Benito García, hace más de seis años. La consejera hizo un llamamiento al resto de los municipios de la región, especialmente a aquellos con mayor cultura sidrera, para que se sumen a la moción de Nava y refuercen la candidatura.
La declaración de la UNESCO no deja de ser una manera mas de que se reconozca la vinculación de la sidra con Asturias y sus gentes, pero la propuesta recogida ahora con más fuerza que nunca por el Ejecutivo regional llega en el momento más oportuno.

La sidra esta viviendo una etapa eclosiva. Hace apenas cinco años, cuando se organizaba Sicer, la muestra internacional de sidras de calidad que se celebraba en Gijon, los elaboradores asturianos seguían dando vueltas a la sidra natural, mientras los productores ingleses, franceses o canadienses desfilaban por delante nuestra con propuestas distintas y muy desarrolladas, dirigidas a un mercado en expansión. Pero hemos abierto los ojos y los lagareros de la región, con el impulso de la Denominación de Origen, del grupo de Manzana Seleccionada, de empresas con tanta solera como El Gaitero y de productores tan activos como Trabanco, Menéndez, El Gobernador, Valverán, Foncueva, Tareco, Cortina, Buznego y Herminio, entre otros muchos, han dado en muy poco tiempo un salto cualitativo enorme a través de la innovación.
En estos momentos, el catálogo de sidras en Asturias es muy amplio, nada que envidiar al de otras regiones europeas de tradición sidrera, y de una calidad indudable. Los llagares han mejorado de manera sustancial la sidra natural y están consiguiendo colocar en el mercado una gran variedad de productos adaptados a todo tipo de consumidores y momentos de consumo. Además de la sidra de escanciar, tenemos sidras de celebración, para cócteles, refrescantes, de postre, para buenos maridajes… Sidras espumosas, de nueva expresión, en envases pequeños, de hielo… La riqueza es tremenda.
Estamos ante uno de los sectores, el tercero de la actividad agroalimentaria en Asturias, con un dinamismo creciente pese a los efectos de la recesión en todos los órdenes de la vida económica. Se abren nuevas vías de comercialización, la labor para lograr nuevos mercados en el exterior es encomiable y el sector va adquiriendo, de día en día, mayor profesionalización, como se pone de manifiesto en el reportaje que publica EL COMERCIO en el suplemento Yantar. Hay todavía mucho camino que recorrer, que duda cabe. Es necesario cerrar más el círculo con una mayor actuación en el campo, para aumentar la extension de pomaradas, acabar con la veceria y ampliar las productividades, y promover el crecimiento industrial del sector auxiliar, de tal manera que tengamos también botellas asturianas y cajas y corchos de aquí. Todo lo que sea apoyar a la actividad merece ser bien recibido. La candidatura a la mención de la UNESCO es una de ellas. Porque la sidra es uno de nuestros activos con más futuro.